Este postre borracho con crema y frutas queda húmedo, abundante y bien vistoso, con capas suaves que se cortan fácil y una cobertura fresca llena de color.
Es ideal para preparar en fuente, dejar enfriar y servir en porciones generosas con crema y frutas por encima.

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Ingredientes
Para la base:
- 1 bizcochuelo de vainilla mediano
- 400 ml de crema de leche fría
- 250 gr de queso crema
- 120 gr de azúcar impalpable
- 1 cdita de esencia de vainilla
Para humedecer:
- 250 ml de almíbar liviano
- 80 ml de vino dulce, oporto o licor suave
- 2 cdas de jugo de naranja o limón
Para las frutas:
- 250 gr de duraznos en almíbar escurridos
- 200 gr de frutillas frescas
- 100 gr de cerezas en almíbar o al marraschino, opcional
- 2 cdas del almíbar de los duraznos
Para decorar:
- Frutas cortadas para la superficie
- Crema extra, opcional
Preparación
- Cortá el bizcochuelo en capas o rodajas gruesas. Si lo preparaste el día anterior, mucho mejor, porque se corta más firme y absorbe mejor el almíbar.
- Mezclá el almíbar liviano con el vino dulce o licor y el jugo de naranja o limón. La mezcla debe quedar perfumada, dulce y suave, sin que el alcohol tape el sabor del postre.
- Cortá los duraznos en cubos o gajos. Lavá las frutillas, retirales el cabito y cortalas en mitades o trozos. Reservá algunas frutas más lindas para decorar la superficie.
- En un bowl grande, batí la crema de leche fría con el azúcar impalpable hasta que tome cuerpo.
- Agregá el queso crema y la esencia de vainilla. Mezclá con movimientos suaves hasta obtener una crema espesa, lisa y fácil de extender.
- En una fuente rectangular, colocá una primera capa de bizcochuelo. Humedecela con parte del almíbar borracho, sin empaparla de golpe. Tiene que quedar húmeda, pero no desarmada.
- Cubrí con una capa generosa de crema y agregá frutas cortadas por encima, repartidas de manera pareja.
- Colocá otra capa de bizcochuelo, volvé a humedecer con el almíbar y repetí con más crema y frutas.
- Terminá con una capa abundante de crema en la superficie. Alisá apenas con espátula, sin buscar que quede perfecta; el aspecto casero y cremoso queda más tentador.
- Decorá con duraznos, frutillas y cerezas por encima. Podés pincelar las frutas con un poco del almíbar de los duraznos para que queden más brillantes.
- Llevá el postre a la heladera durante al menos 4 horas. Si lo dejás de un día para el otro, las capas quedan más húmedas y el sabor mejora.
- Serví en porciones grandes, mostrando las capas de bizcochuelo, crema y frutas.
Tips y consejos
- No empapes demasiado el bizcochuelo: el postre tiene que quedar húmedo, pero con estructura. Agregá el almíbar de a poco para evitar que la base se rompa.
- Usá un alcohol suave: vino dulce, oporto, mistela o un licor frutal funcionan muy bien. Si querés hacerlo sin alcohol, reemplazalo por más almíbar con jugo de naranja.
- La crema debe estar firme: si queda muy líquida, las capas se mezclan y la porción pierde forma. La crema de leche tiene que estar bien fría antes de batir.
- Las frutas tienen que estar bien escurridas: especialmente los duraznos y las cerezas. Si largan demasiado líquido, pueden aflojar la crema.
- Conviene prepararlo con anticipación: después de varias horas de frío, el bizcochuelo absorbe mejor el sabor y el postre queda más compacto.
- Para una versión más abundante: armalo en una fuente profunda y hacé tres capas de bizcochuelo con crema y frutas entre medio.
- Para mejorar la presentación: reservá las frutas más prolijas para arriba y cortá algunas en gajos grandes, así la superficie queda más vistosa.
Este postre queda cremoso, húmedo y bien generoso, con una combinación clásica de bizcochuelo, crema y frutas.
Una opción rendidora para servir frío y lucirse con una porción bien tentadora.