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Preparación de Panes

Pan árabe casero: masa esponjosa, ligera y perfecta para acompañar cualquier comida

El pan árabe casero es una receta simple, rendidora y perfecta para acompañar comidas, untar con salsas o rellenar con lo que más te guste.

Su textura queda suave, flexible y aireada cuando la masa descansa bien y se trabaja con paciencia.

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El agua tibia ayuda a activar la levadura y permite lograr panes más livianos, con ese interior tierno que los hace tan ricos.

Ingredientes

  • 500 g de harina 0000
  • 10 g de sal
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 7 g de levadura seca o 25 g de levadura fresca
  • 300 ml de agua tibia
  • 2 cucharadas de aceite de oliva o aceite común
  • Harina extra, para estirar

Preparación

  1. Colocá el agua tibia en un bowl junto con el azúcar y la levadura. Mezclá apenas y dejá reposar durante 10 minutos, hasta que se forme una espuma suave en la superficie. El agua no debe estar caliente, solo tibia al tacto, porque si está demasiado fuerte puede afectar la levadura.
  2. En un bowl grande, colocá la harina y la sal. Mezclá bien para que la sal se distribuya y no quede en contacto directo con la levadura al principio. Hacé un hueco en el centro y agregá la mezcla de agua con levadura.
  3. Sumá el aceite y empezá a integrar desde el centro hacia afuera. Podés hacerlo con una cuchara al principio y después con las manos, hasta formar una masa blanda y apenas pegajosa.
  4. Pasá la masa a la mesada apenas enharinada y amasá durante 8 a 10 minutos. Tiene que quedar lisa, elástica y suave. Si se pega mucho, agregá harina de a poco, pero evitá excederte para que los panes no queden duros.
  5. Colocá la masa en un bowl apenas aceitado, tapala con un repasador limpio o film y dejala descansar en un lugar tibio hasta que duplique su volumen. Según la temperatura del ambiente, puede tardar entre 1 y 1 hora y media.
  6. Una vez levada, desgasificá la masa suavemente con las manos y dividila en bollitos del mismo tamaño. Con esta cantidad salen aproximadamente 8 a 10 panes medianos.
  7. Formá bollitos lisos y dejalos descansar tapados durante 15 minutos. Este descanso hace que la masa se relaje y sea más fácil estirarla sin que se encoja.
  8. Estirá cada bollo con palo de amasar hasta formar discos finos, de aproximadamente medio centímetro de espesor. No los hagas demasiado gruesos, porque pueden quedar pesados, ni demasiado finos, porque se secan rápido.
  9. Calentá una sartén, plancha o bifera a fuego medio-alto. Cociná cada pan durante 1 a 2 minutos por lado, hasta que se infle, tome color y aparezcan algunas manchas doradas. También podés hacerlos en horno fuerte, sobre una placa bien caliente.
  10. A medida que los vayas sacando, apilalos y cubrilos con un repasador limpio. Esto ayuda a que conserven la humedad y queden flexibles, ideales para doblar, rellenar o acompañar distintas comidas.

Tips y consejos:

  • El agua tibia es clave para que la levadura trabaje bien. Debe sentirse apenas cálida, nunca hirviendo ni muy caliente.
  • Si la masa queda muy dura desde el comienzo, agregá una cucharada más de agua. Una masa apenas blanda da como resultado panes más tiernos.
  • No agregues demasiada harina durante el amasado. Es mejor trabajar la masa unos minutos hasta que se vuelva más elástica.
  • El primer levado ayuda a desarrollar sabor y suavidad, por eso conviene no apurarlo. Si el ambiente está frío, podés dejar el bowl cerca de una zona templada, lejos de corrientes de aire.
  • Para que los panes se inflen bien, la sartén o plancha tiene que estar caliente antes de apoyar la masa. Si está fría, el pan se cocina lento y queda más seco.
  • Si querés que queden más parejos, estirá todos los discos del mismo grosor. Así se cocinan al mismo tiempo y mantienen una textura similar.
  • Apenas salen del calor, tapalos con un repasador. Ese vapor suave mantiene la masa flexible y evita que se endurezcan.
  • Se pueden guardar en bolsa o recipiente bien cerrado durante 2 días. También se pueden freezar separados con separadores, y después calentar unos segundos en sartén o tostadora.

Este pan árabe casero queda suave, liviano y muy versátil.

Podés servirlo con hummus, aceite de oliva, quesos, verduras, carnes, fiambres o usarlo como base para comidas rápidas y bien caseras.

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