Este postre borracho con crema y duraznos queda húmedo, suave y con capas bien marcadas.
La base se prepara con bizcochuelo casero, para que la porción tenga cuerpo y se vea más tentadora.

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Es un postre clásico, rendidor y perfecto para servir frío después de una comida familiar.
Ingredientes
Para el bizcochuelo:
- 4 huevos
- 120 g de azúcar
- 120 g de harina 0000
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 1 pizca de sal
Para humedecer:
- 200 ml de almíbar de duraznos
- 100 ml de leche
- 1 cda de azúcar
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 2 cdas de licor dulce, oporto o coñac, opcional
Para el relleno y la cobertura:
- 500 ml de crema de leche
- 4 cdas de azúcar impalpable
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 1 lata grande de duraznos en almíbar
- 250 g de crema pastelera firme
- Chocolate rallado o virutas de chocolate para decorar
Preparación
- Para hacer el bizcochuelo, colocá los huevos, el azúcar y la pizca de sal en un bowl. Batí durante varios minutos, hasta que la mezcla quede clara, aireada y con mucho volumen. Este paso es importante porque le da estructura al bizcochuelo sin necesidad de agregar demasiados ingredientes.
- Sumá la esencia de vainilla y mezclá apenas. Después incorporá la harina tamizada en dos o tres partes, con movimientos envolventes, para que la preparación no pierda el aire logrado durante el batido.
- Volcá la mezcla en un molde rectangular o cuadrado, previamente enmantecado y enharinado, o cubierto con papel manteca. Llevá a horno moderado, a 170 °C, durante 20 a 25 minutos, hasta que la superficie esté apenas dorada y el centro esté cocido.
- Retirá el bizcochuelo del horno y dejalo enfriar por completo. Una vez frío, cortalo en capas finas o en planchas del tamaño de la fuente que vayas a usar. La idea es que sirva como base húmeda del postre y que pueda absorber bien el almíbar sin desarmarse.
- Para la mezcla de humedad, colocá en un bowl el almíbar de los duraznos, la leche, el azúcar, la esencia de vainilla y el licor si lo vas a usar. Mezclá bien hasta integrar. Si preferís una versión sin alcohol, usá solamente almíbar y leche.
- Escurrí los duraznos y cortá una parte en cubitos pequeños para el relleno. Reservá algunos gajos más prolijos para decorar la parte superior. Es importante que no tengan exceso de líquido para que la crema mantenga buena textura.
- Batí la crema de leche con el azúcar impalpable y la esencia de vainilla hasta que quede firme y cremosa. No hace falta que quede demasiado dura, pero sí con cuerpo suficiente para formar capas y sostener el postre.
- En una fuente, colocá una primera capa de bizcochuelo. Humedecela con la mezcla de almíbar, distribuyendo el líquido de a poco para que quede pareja. El bizcochuelo tiene que quedar húmedo, pero no deshecho.
- Cubrí con una capa de crema pastelera firme y agregá duraznos en cubitos. Encima colocá una capa de crema batida, extendiéndola de manera pareja para que el relleno quede abundante y cremoso.
- Sumá otra capa de bizcochuelo, volvé a humedecer con la mezcla de almíbar y repetí el relleno con crema pastelera, duraznos y crema batida. Si la fuente tiene buena altura, podés hacer una tercera capa fina de bizcochuelo para lograr una porción más vistosa.
- Terminá con una capa generosa de crema batida en la superficie. Decorá con gajos de durazno y un poco de chocolate rallado o virutas finas. La combinación de crema blanca, durazno y chocolate hace que el postre quede simple, clásico y muy atractivo.
- Llevá a la heladera durante al menos 5 horas. El reposo ayuda a que el bizcochuelo absorba bien la humedad, la crema tome cuerpo y las capas queden más unidas. También se puede preparar de un día para el otro.
Tips y consejos:
- El bizcochuelo debe estar completamente frío antes de armar el postre. Si todavía está tibio, puede ablandar la crema y hacer que las capas pierdan firmeza.
- Para que el resultado quede más parecido a un postre borracho clásico, el bizcochuelo tiene que estar bien húmedo. Agregá el almíbar de a poco, dejando que lo absorba, sin encharcar la fuente.
- La crema pastelera conviene usarla espesa y fría. Si está muy liviana, se mezcla demasiado con la crema batida y el relleno pierde definición.
- Si querés un sabor más suave, evitá el licor y usá solo almíbar de duraznos con leche y vainilla. Queda igualmente húmedo, dulce y familiar.
- Para un sabor más marcado, podés usar unas cdas de oporto, coñac o licor dulce en la mezcla de humedad. No hace falta agregar demasiado, porque el durazno y la crema tienen que seguir siendo los protagonistas.
- Los duraznos en cubitos quedan mejor dentro del relleno, mientras que los gajos más prolijos conviene reservarlos para decorar. Así el postre mantiene una apariencia más ordenada y tentadora.
- Si querés que las capas se vean más definidas, armá el postre con menos crema entre cada nivel, pero bien distribuida. Si preferís un resultado más abundante y cremoso, agregá una capa más generosa de crema batida.
- También podés hacer el bizcochuelo el día anterior. Guardalo envuelto una vez frío y usalo al momento de armar el postre. Así resulta más fácil cortarlo en capas sin que se rompa.
- Para decorar, no hace falta cargar demasiado la superficie. Con duraznos, crema y un poco de chocolate rallado alcanza para que se vea completo, clásico y bien presentado.
Este postre queda húmedo, cremoso y con ese sabor casero que combina muy bien con el durazno.
La base de bizcochuelo hace que tenga mejor cuerpo, mientras que la crema y el almíbar le dan una textura suave y muy tentadora.