Las mandarinas confitadas son dulces, brillantes y tienen una presentación hermosa para sumar a postres, budines o mesas dulces.
Quedan tiernas, translúcidas y con ese color naranja intenso que las hace muy vistosas.

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Son ideales para guardar en frasco y usar cuando querés dar un toque especial sin complicarte demasiado.
Ingredientes
- 4 mandarinas firmes
- 300 gr de azúcar
- 300 ml de agua
- 1 cda de jugo de limón
- 1 pizca de sal, opcional
Preparación
- Lavar muy bien las mandarinas, porque se van a usar con cáscara. Si es posible, cepillarlas bajo el agua para retirar cualquier resto de suciedad.
- Cortar las mandarinas en rodajas finas, de aproximadamente 3 a 5 mm. Tratar de que todas tengan un grosor parecido para que se cocinen parejo.
- Retirar las semillas con cuidado, sin romper demasiado las rodajas.
- Colocar las rodajas en una olla con agua fría y llevar al fuego hasta que rompa hervor.
- Hervir durante 2 minutos, retirar con espumadera y repetir este paso una vez más con agua limpia. Esto ayuda a suavizar el sabor amargo de la cáscara.
- En otra olla o sartén amplia, colocar los 300 ml de agua, el azúcar, el jugo de limón y la pizca de sal si se usa.
- Llevar a fuego medio y mezclar apenas hasta que el azúcar se disuelva.
- Cuando el almíbar empiece a burbujear suave, agregar las rodajas de mandarina en una sola capa o lo menos encimadas posible.
- Cocinar a fuego bajo durante 35 a 50 minutos, moviendo la olla de vez en cuando y dando vuelta las rodajas con mucho cuidado.
- Cuando las mandarinas se vean brillantes, más translúcidas y el almíbar esté más espeso, apagar el fuego.
- Retirar las rodajas con una pinza o espumadera y colocarlas sobre una rejilla, papel manteca o un plato apenas aceitado.
- Dejarlas enfriar por completo antes de usar o guardar.
- Si se quieren conservar en almíbar, pasar las rodajas a un frasco limpio y cubrirlas con el líquido de cocción.
Tips y consejos
- Conviene usar mandarinas firmes y de cáscara fina. Si están muy maduras o blandas, pueden romperse durante la cocción y perder la forma. Las que tienen la piel muy gruesa pueden quedar más amargas, por eso el hervor previo ayuda bastante.
- El grosor de las rodajas es importante. Si se cortan demasiado finas, pueden romperse o quedar muy frágiles; si se cortan muy gruesas, tardan más en confitarse y pueden quedar menos translúcidas. Un corte parejo ayuda a que todas queden brillantes y tiernas al mismo tiempo.
- No hay que cocinar el almíbar a fuego fuerte. Si hierve demasiado, las rodajas se golpean, se desarman y el azúcar puede empezar a caramelizar antes de tiempo. Lo ideal es mantener un hervor suave, constante y tranquilo.
- Si querés un resultado más seco para decorar budines, tortas o galletitas, dejá las rodajas enfriar sobre una rejilla varias horas. También podés pasarlas por azúcar una vez frías para que queden con una terminación más escarchada.
- Si preferís usarlas como conserva dulce, guardalas en un frasco limpio cubiertas con su almíbar. Así quedan más jugosas y se pueden usar para postres, helados, panqueques, yogur o para acompañar una torta simple.
- Para darles otro aroma, se puede sumar una ramita de canela, un pedacito de jengibre o unas gotas de esencia de vainilla al almíbar. Conviene usar poco, porque la mandarina ya tiene un perfume bastante marcado.
- Si el almíbar se espesa demasiado antes de que las rodajas estén listas, agregá un chorrito de agua caliente y seguí cocinando a fuego bajo. Si queda muy líquido al final, retirás las mandarinas y dejás reducir unos minutos más el almíbar solo.
- Para bañarlas en chocolate, dejá que las rodajas escurran y se sequen bien. Después sumergí la mitad en chocolate derretido y apoyalas sobre papel manteca hasta que endurezcan. Quedan muy lindas para regalar o servir con café.
- En la heladera se conservan mejor dentro de un frasco limpio y bien cerrado. Si están cubiertas con almíbar, pueden durar varios días. Siempre conviene usar una cuchara limpia para retirarlas y evitar que se contaminen.
Estas mandarinas confitadas sirven para decorar tortas, budines, postres en copa o simplemente para comer como un dulce casero.
Con una cocción suave y paciencia, quedan brillantes, tiernas y con una apariencia muy tentadora.