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Como hacer Mandarinas confitadas

Las mandarinas confitadas son dulces, brillantes y tienen una presentación hermosa para sumar a postres, budines o mesas dulces.

Quedan tiernas, translúcidas y con ese color naranja intenso que las hace muy vistosas.

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Son ideales para guardar en frasco y usar cuando querés dar un toque especial sin complicarte demasiado.

Ingredientes

  • 4 mandarinas firmes
  • 300 gr de azúcar
  • 300 ml de agua
  • 1 cda de jugo de limón
  • 1 pizca de sal, opcional

Preparación

  1. Lavar muy bien las mandarinas, porque se van a usar con cáscara. Si es posible, cepillarlas bajo el agua para retirar cualquier resto de suciedad.
  2. Cortar las mandarinas en rodajas finas, de aproximadamente 3 a 5 mm. Tratar de que todas tengan un grosor parecido para que se cocinen parejo.
  3. Retirar las semillas con cuidado, sin romper demasiado las rodajas.
  4. Colocar las rodajas en una olla con agua fría y llevar al fuego hasta que rompa hervor.
  5. Hervir durante 2 minutos, retirar con espumadera y repetir este paso una vez más con agua limpia. Esto ayuda a suavizar el sabor amargo de la cáscara.
  6. En otra olla o sartén amplia, colocar los 300 ml de agua, el azúcar, el jugo de limón y la pizca de sal si se usa.
  7. Llevar a fuego medio y mezclar apenas hasta que el azúcar se disuelva.
  8. Cuando el almíbar empiece a burbujear suave, agregar las rodajas de mandarina en una sola capa o lo menos encimadas posible.
  9. Cocinar a fuego bajo durante 35 a 50 minutos, moviendo la olla de vez en cuando y dando vuelta las rodajas con mucho cuidado.
  10. Cuando las mandarinas se vean brillantes, más translúcidas y el almíbar esté más espeso, apagar el fuego.
  11. Retirar las rodajas con una pinza o espumadera y colocarlas sobre una rejilla, papel manteca o un plato apenas aceitado.
  12. Dejarlas enfriar por completo antes de usar o guardar.
  13. Si se quieren conservar en almíbar, pasar las rodajas a un frasco limpio y cubrirlas con el líquido de cocción.

Tips y consejos

  • Conviene usar mandarinas firmes y de cáscara fina. Si están muy maduras o blandas, pueden romperse durante la cocción y perder la forma. Las que tienen la piel muy gruesa pueden quedar más amargas, por eso el hervor previo ayuda bastante.
  • El grosor de las rodajas es importante. Si se cortan demasiado finas, pueden romperse o quedar muy frágiles; si se cortan muy gruesas, tardan más en confitarse y pueden quedar menos translúcidas. Un corte parejo ayuda a que todas queden brillantes y tiernas al mismo tiempo.
  • No hay que cocinar el almíbar a fuego fuerte. Si hierve demasiado, las rodajas se golpean, se desarman y el azúcar puede empezar a caramelizar antes de tiempo. Lo ideal es mantener un hervor suave, constante y tranquilo.
  • Si querés un resultado más seco para decorar budines, tortas o galletitas, dejá las rodajas enfriar sobre una rejilla varias horas. También podés pasarlas por azúcar una vez frías para que queden con una terminación más escarchada.
  • Si preferís usarlas como conserva dulce, guardalas en un frasco limpio cubiertas con su almíbar. Así quedan más jugosas y se pueden usar para postres, helados, panqueques, yogur o para acompañar una torta simple.
  • Para darles otro aroma, se puede sumar una ramita de canela, un pedacito de jengibre o unas gotas de esencia de vainilla al almíbar. Conviene usar poco, porque la mandarina ya tiene un perfume bastante marcado.
  • Si el almíbar se espesa demasiado antes de que las rodajas estén listas, agregá un chorrito de agua caliente y seguí cocinando a fuego bajo. Si queda muy líquido al final, retirás las mandarinas y dejás reducir unos minutos más el almíbar solo.
  • Para bañarlas en chocolate, dejá que las rodajas escurran y se sequen bien. Después sumergí la mitad en chocolate derretido y apoyalas sobre papel manteca hasta que endurezcan. Quedan muy lindas para regalar o servir con café.
  • En la heladera se conservan mejor dentro de un frasco limpio y bien cerrado. Si están cubiertas con almíbar, pueden durar varios días. Siempre conviene usar una cuchara limpia para retirarlas y evitar que se contaminen.

Estas mandarinas confitadas sirven para decorar tortas, budines, postres en copa o simplemente para comer como un dulce casero.

Con una cocción suave y paciencia, quedan brillantes, tiernas y con una apariencia muy tentadora.

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