Los cuadraditos de grasa son simples, sabrosos y perfectos para acompañar una merienda sin complicarse.
Quedan doraditos por fuera, tiernos en el centro y con esa textura apenas hojaldrada que los hace muy tentadores.

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Son rendidores, fáciles de guardar y siempre vienen bien para tener algo salado a mano.
Ingredientes
- 500 gr de harina 0000
- 120 gr de grasa vacuna blanda
- 220 ml de agua tibia
- 10 gr de sal
- 1 cdita de azúcar
- 10 gr de levadura fresca o 4 gr de levadura seca
- Grasa extra para pincelar, cantidad necesaria
- Sal gruesa o entrefina para terminar, opcional
Preparación
- Colocar la harina en un bowl grande y hacer un hueco en el centro.
- Disolver la levadura en el agua tibia junto con la cdita de azúcar. Dejar reposar 5 minutos, hasta que empiece a activarse.
- Agregar la grasa blanda y la sal sobre la harina. Incorporar de a poco el agua con levadura mientras se mezcla.
- Unir todo hasta formar una masa firme, lisa y apenas húmeda. Si queda muy seca, sumar un chorrito más de agua; si queda pegajosa, agregar apenas un poco de harina.
- Amasar durante 8 a 10 minutos, hasta que la masa se note pareja y elástica.
- Tapar con un repasador y dejar descansar 30 a 40 minutos, hasta que afloje y aumente un poco su volumen.
- Estirar la masa sobre la mesada apenas enharinada, formando un rectángulo de aproximadamente 1 cm de grosor.
- Pincelar la superficie con un poco de grasa blanda y doblar la masa en tres, como si fuera una carta.
- Girar la masa, volver a estirar con cuidado y repetir el doblado una vez más. Esto ayuda a que queden con esa textura levemente hojaldrada, pero sin transformarlos en hojaldre.
- Estirar nuevamente hasta dejar la masa de 1 a 1,5 cm de grosor.
- Cortar cuadraditos parejos con cuchillo o cortante. Pinchar la superficie con un tenedor para que no se inflen demasiado.
- Acomodarlos en una placa apenas engrasada o con papel manteca, dejando un pequeño espacio entre cada uno.
- Tapar y dejar descansar 15 minutos mientras se precalienta el horno a 200 °C.
- Pincelar apenas con grasa derretida si se quiere una superficie más doradita y espolvorear con un poquito de sal gruesa o entrefina.
- Hornear durante 18 a 22 minutos, hasta que estén dorados por arriba y firmes en la base.
- Retirar y dejar enfriar sobre una rejilla o sobre la misma placa antes de guardar.
Tips y consejos
- Para que queden como cuadraditos de grasa y no como pancitos, la masa no debe quedar demasiado blanda ni crecer en exceso. El descanso tiene que ayudar a relajarla, pero no hace falta que duplique su volumen como una masa de pan. Si leva demasiado, pueden salir más altos y esponjosos.
- La grasa vacuna es la que les da el sabor clásico. Conviene usarla blanda, no hirviendo, para que se integre mejor a la masa. Si está muy dura, cuesta mezclarla; si está demasiado caliente, puede cambiar la textura y volver la masa pesada.
- El doblado es opcional, pero suma mucho. No busques un hojaldre alto ni con capas enormes: la idea es lograr una miga seca, algo laminada y crocante. Con uno o dos doblados alcanza para darles mejor textura sin que parezcan facturas.
- Si los querés más sequitos y crocantes, estirá la masa un poco más fina y dejalos unos minutos extra en el horno, bajando apenas la temperatura al final para que se sequen sin quemarse.
- Si los preferís más tiernos por dentro, dejalos de 1,5 cm de grosor y retiralos cuando apenas estén dorados. Al enfriarse, van a tomar más cuerpo sin quedar duros.
- Para una versión más sabrosa, podés agregar pimienta, orégano seco, queso rallado o una pizca de ají molido a la masa. No hace falta mucho: los cuadraditos de grasa funcionan mejor cuando el sabor principal sigue siendo simple y panadero.
- Si no tenés grasa vacuna, se pueden hacer con margarina o manteca, pero el resultado cambia. Con manteca quedan más suaves y con otro perfume; con margarina salen más neutros. Para el sabor tradicional, la grasa es la mejor opción.
- Para conservarlos, guardalos fríos en una lata o recipiente hermético. Si con los días pierden crocancia, podés darles unos minutos de horno bajo para revivirlos antes de servir.
Son una receta rendidora, económica y muy de merienda, perfecta para acompañar algo caliente sin complicarse demasiado.
Cuando salen bien doraditos y con esos agujeritos arriba, tienen ese aspecto casero que invita a agarrar uno atrás de otro.