El cheesecake vasco es una torta de queso simple, sin base, con una superficie bien dorada y un interior suave, cremoso y lleno de sabor.
Es una receta ideal cuando querés un postre elegante, tentador y casero, de esos que quedan lindos sin necesidad de decoraciones complicadas.

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Ingredientes
- 600 gr de queso crema
- 200 gr de azúcar
- 4 huevos
- 300 ml de crema de leche
- 20 gr de harina 0000 o 20 gr de fécula de maíz
- 1 cdita de esencia de vainilla, opcional
- 1 pizca de sal
- Manteca o rocío vegetal para el molde
- Papel manteca
Preparación
- Precalentá el horno a temperatura fuerte, aproximadamente 220 °C. Este punto es importante para lograr la superficie bien dorada y el interior cremoso típico de esta tarta.
- Enmantecá un molde redondo desmontable de 20 o 22 cm y forralo con papel manteca. El papel tiene que sobresalir por encima del borde del molde para contener bien la mezcla durante la cocción.
- Colocá el queso crema en un bowl grande y mezclalo hasta que quede liso y suave. Si está a temperatura ambiente, se integra mucho mejor y no quedan grumos.
- Agregá el azúcar y mezclá bien hasta que quede una crema pareja. No hace falta batir demasiado, solo unir bien los ingredientes.
- Incorporá los huevos de a uno, mezclando después de cada adición. Hacelo con movimientos suaves para mantener una textura cremosa.
- Sumá la crema de leche, la pizca de sal y la esencia de vainilla si querés usarla. Mezclá hasta que todo quede bien integrado.
- Agregá la harina tamizada o la fécula de maíz y seguí mezclando hasta obtener una preparación lisa, sin grumos y bastante fluida.
- Volcá la mezcla dentro del molde preparado. Si querés, podés darle unos golpecitos suaves sobre la mesada para eliminar burbujas grandes de aire.
- Llevá al horno durante 35 a 45 minutos. La parte de arriba tiene que verse bien dorada, con color intenso, mientras que el centro debe seguir ligeramente tembloroso al mover apenas el molde.
- Retirá del horno y dejá enfriar dentro del molde. Es normal que al salir esté inflado y luego baje un poco en el centro mientras se enfría.
- Cuando llegue a temperatura ambiente, llevá la torta a la heladera por al menos 4 horas. Si la dejás de un día para el otro, la textura mejora todavía más.
- Desmoldá con cuidado, retirando el papel manteca suavemente. Podés servirla fría o sacarla unos minutos antes para que el centro se sienta más suave.
- Cortá en porciones con un cuchillo liso. La idea es que al servirla se vea el contraste entre la superficie dorada y el interior cremoso.
Tips y consejos
- El queso crema conviene usarlo a temperatura ambiente para que la mezcla quede más lisa y sin grumos.
- No hace falta batir en exceso. Este cheesecake no necesita aire como un bizcochuelo, sino una textura cremosa y uniforme.
- El molde de 20 cm da una tarta más alta y con centro más cremoso. Si usás uno más grande, la torta queda más baja y se cocina más rápido.
- El papel manteca tiene que quedar bien acomodado, pero no hace falta que quede prolijo. Ese aspecto más rústico también forma parte del estilo de esta tarta.
- La cocción alta es clave. Si bajás demasiado la temperatura, la superficie no toma ese color intenso tan característico.
- No te preocupes si el centro se mueve un poco al salir del horno. Eso ayuda a que después quede suave y cremoso.
- Si la cocinás de más, va a quedar más firme y menos untuosa. Conviene retirarla cuando el centro todavía tenga un leve movimiento.
- La harina o fécula se usa en poca cantidad para darle apenas estructura, sin quitarle cremosidad.
- Si querés un sabor más limpio y clásico, podés no poner vainilla. Si preferís un toque más aromático, una pequeña cantidad le queda muy bien.
- Para cortar prolijo, pasá el cuchillo por agua caliente y secalo entre corte y corte.
- Esta torta queda muy bien sola, pero si querés acompañarla, podés servirla con frutos rojos frescos o una cucharada de crema apenas batida.
- Se conserva en heladera, bien tapada, durante 3 a 4 días.
Es una receta simple, pero con un resultado espectacular.
Bien hecha, queda cremosa, suave y con ese contraste de textura que la vuelve irresistible.