Con restos limpios de verduras se puede preparar un caldo casero lleno de sabor, ideal para sopas, guisos, arroces y salsas.
La clave está en guardar esas partes que muchas veces se descartan, como cáscaras, tallos y puntas, y cocinarlas con agua a fuego suave.

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Es una forma simple de aprovechar mejor los ingredientes y tener siempre una base rica para cocinar.
Qué necesitás
Nota: Esto es solo para darte una idea, podes hacerlo con cualquier verdura, la cantidad que vos quieras.
- 2 tazas de cáscaras de zanahoria limpias
- 1 taza de hojas y puntas de apio
- 1 taza de hojas verdes de puerro o cebolla de verdeo
- 1 taza de cáscaras y extremos de cebolla
- 2 dientes de ajo o cáscaras limpias de ajo
- 1 puñado de tallos de perejil
- 1 hoja de laurel, opcional
- 6 granos de pimienta, opcional
- 2 litros de agua
- Sal a gusto, mejor agregarla al final
- 1 olla grande
- 1 colador fino
- Frascos o recipientes para guardar
Preparación
- Juntá restos de verduras que estén limpios y en buen estado. Podés usar cáscaras de zanahoria, tallos de perejil, puntas de apio, partes verdes de puerro, extremos de cebolla, cáscaras de ajo y hojas que todavía estén frescas. Evitá cualquier parte que esté fea, con olor raro o demasiado marchita.
- Lavá bien todos los restos antes de usarlos. Aunque sean partes que no se comen directamente, van a estar en contacto con el agua del caldo, así que conviene retirar tierra, polvo o cualquier resto que pueda quedar pegado. Si las verduras ya estaban lavadas antes de pelarlas, igual podés darles un enjuague rápido.
- Colocá todos los restos en una olla grande. No hace falta cortarlos demasiado chicos, pero si hay piezas muy grandes, podés partirlas con la mano o con cuchillo para que entren mejor y larguen más sabor durante la cocción.
- Agregá los 2 litros de agua fría. El agua debe cubrir bien los restos de verduras. Si usás más cantidad de vegetales, podés sumar un poco más de agua, pero sin excederte demasiado para que el caldo no quede aguado.
- Sumá la hoja de laurel, los granos de pimienta y, si querés, un diente de ajo entero. Estos ingredientes ayudan a darle un perfume más rico, pero no son obligatorios. Lo importante es que el caldo tenga una base vegetal limpia y sabrosa.
- Llevá la olla a fuego medio hasta que empiece a calentar. Cuando veas que está por hervir, bajá el fuego al mínimo. El caldo no necesita hervir fuerte; lo ideal es que se cocine despacio para que los sabores pasen al agua sin enturbiar demasiado el resultado.
- Cociná entre 35 y 50 minutos. Durante ese tiempo, el agua va a tomar color y aroma. Si lo dejás más tiempo, puede concentrarse un poco más, pero no conviene cocinarlo durante horas porque algunas verduras pueden aportar un sabor amargo.
- Apagá el fuego y dejá reposar 10 minutos antes de colar. Después pasá todo por un colador fino y presioná apenas los restos con una cuchara para extraer más líquido. No hace falta aplastarlos demasiado, porque eso puede enturbiar el caldo.
- Probá el caldo y recién ahí ajustá la sal. Si lo vas a usar como base para otras comidas, conviene dejarlo con poca sal para poder corregir después según la receta donde lo uses.
- Guardalo en frascos limpios en la heladera por 3 o 4 días. También podés congelarlo en porciones chicas, en recipientes o cubeteras, para tenerlo listo cuando prepares arroz, sopas, guisos, salsas, carnes al horno o verduras salteadas.
Tips y consejos:
- Usá restos de verduras suaves y aromáticas, como zanahoria, cebolla, apio, puerro, ajo y perejil. Son las que mejor resultado dan para un caldo equilibrado.
- No conviene usar demasiada cáscara de papa, hojas de repollo, brócoli o coliflor, porque pueden dejar un sabor fuerte o algo pesado. Si querés agregarlas, usá poca cantidad y mezcladas con otras verduras.
- Podés ir guardando los restos en una bolsa o recipiente en el freezer. Cada vez que peles verduras, sumás los recortes limpios, y cuando juntes suficiente cantidad, preparás el caldo.
- Para un sabor más intenso, podés dorar unos minutos los restos en la olla con apenas un chorrito de aceite antes de agregar el agua. Esto le da un tono más profundo y un aroma más casero.
- Si querés un caldo más claro, cocinalo a fuego bajo y evitá revolver demasiado. Si preferís un caldo más concentrado, dejalo reducir unos minutos después de colarlo.
- Las cubeteras son muy prácticas para congelarlo. Un cubito de caldo sirve para levantar el sabor de una salsa, un arroz, un relleno o una sopa rápida sin tener que preparar una olla completa.
- Si vas a usarlo para comidas de todos los días, podés hacerlo sin sal y condimentar recién al momento de cocinar. Así te queda más versátil y fácil de adaptar.
Este caldo casero permite aprovechar mejor las verduras y sumar sabor real a muchas comidas simples.
Con ingredientes que suelen quedar de otras preparaciones, podés tener una base práctica, económica y mucho más rica para cocinar durante la semana.