Estos tomates rellenos con huevo y queso al horno son una opción salada simple, rendidora y muy rica para una comida tranquila.
Quedan jugosos, con el tomate bien cocido, el queso fundido y el huevo apenas firme, todo en una misma fuente.

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Ingredientes
Para los tomates:
- 6 tomates redondos grandes
- 6 huevos chicos o medianos
- 150 gr de mozzarella o queso cremoso rallado
- 3 cdas de queso rallado
- 1 cda de aceite
- Sal, a gusto
- Pimienta, a gusto
- Orégano o perejil picado, a gusto
Para la fuente:
- 1 cda de aceite
- 2 cdas del pulpa de tomate retirada
- 1 pizca de sal
Preparación
- Lavá bien los tomates y cortales la parte de arriba, como una tapa. Reservá esas tapas si querés, aunque no hace falta usarlas después.
- Con una cuchara, retirales con cuidado parte de la pulpa y las semillas para ahuecarlos. Tratá de no romper la base ni los costados.
- Dales vuelta sobre un plato o rejilla durante unos minutos para que larguen el exceso de líquido. Esto ayuda a que no se desarmen ni humedezcan demasiado la fuente.
- Aceitá apenas una fuente para horno y repartí en el fondo 2 cdas de la pulpa de tomate retirada. Agregá una pizca de sal.
- Acomodá los tomates en la fuente, bien juntos para que se sostengan mejor durante la cocción.
- Poné un poco de mozzarella o queso cremoso rallado dentro de cada tomate, dejando lugar para el huevo.
- Cascá un huevo dentro de cada tomate. Si ves que el tomate no es muy grande, podés poner primero la yema y después solo una parte de la clara para que no rebalse.
- Condimentá con sal y pimienta. Sumá por arriba el resto del queso, el queso rallado y un poco de orégano o perejil.
- Rociá con un hilo muy fino de aceite y llevá a horno precalentado a temperatura media, alrededor de 180 °C.
- Cociná entre 18 y 25 minutos, según el tamaño de los tomates y el punto que quieras en el huevo. La idea es que el tomate se cocine, el queso se funda y la superficie quede apenas dorada.
- Retirá del horno cuando el huevo esté firme en la clara pero todavía tierno en el centro, si te gusta así. Si lo preferís más cocido, dejalo unos minutos más.
- Servilos enseguida, bien calientes, con un poco más de hierbas por arriba si querés.
Tips y consejos
- Elegí tomates firmes y parejos, que puedan sostener el relleno sin caerse. Si están demasiado maduros, pueden largar mucha agua y romperse más fácil en el horno.
- Ahuecalos con suavidad y sin dejarlos demasiado finos. Si los costados quedan muy débiles, al calentarse pueden abrirse o desarmarse.
- Darles unos minutos boca abajo antes de rellenarlos hace diferencia. Así eliminan parte del líquido y el resultado queda más prolijo.
- Si querés que el queso se note más, poné una parte abajo y otra por arriba del huevo. Eso ayuda a que quede fundido adentro y gratinado en la superficie.
- El huevo puede variar mucho según el tamaño del tomate. En tomates medianos conviene no usar huevos muy grandes para que no se rebalsen.
- Si preferís un sabor más marcado, podés sumar apenas ajo picado bien fino o una pizca de pimentón, pero sin tapar el gusto del tomate y del queso.
- Van muy bien con una ensalada, unas tostadas, arroz blanco o papas al horno. También pueden servir como comida liviana si los acompañás con algo simple.
- Si te sobra pulpa de tomate, no la tires. Podés usarla en una salsa, un salteado o guardarla para otra preparación.
- Lo mejor es servirlos recién hechos. Si se recalientan, siguen siendo ricos, pero el huevo y el tomate pierden un poco de textura.
Es una receta simple, de las que salen con pocos ingredientes y quedan muy bien en la mesa.
El tomate, el queso y el huevo hacen una combinación que siempre funciona.