Una opción suave, fresca y muy fácil de preparar, ideal para quienes buscan un postre distinto sin prender el horno.
La textura es bien lisa, firme pero cremosa, con un sabor a café equilibrado que no resulta invasivo.

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Perfecta para servir fría y cortar prolijo.
Ingredientes
Para la base:
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200 g de galletitas dulces
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100 g de manteca derretida
Para el relleno:
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400 ml de crema de leche
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250 g de queso crema
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120 g de azúcar
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1 cucharada de café instantáneo
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2 cucharadas de agua caliente
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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7 g de gelatina sin sabor
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3 cucharadas de agua para hidratar la gelatina
Preparación
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Procesá o triturá las galletitas hasta obtener una textura tipo arena.
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Mezclalas con la manteca derretida hasta formar una pasta húmeda.
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Volcá la mezcla en un molde desmontable y presioná bien la base y los bordes para formar la tarta.
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Llevá a la heladera por al menos 20 minutos para que tome firmeza.
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Disolvé el café instantáneo en las dos cucharadas de agua caliente y dejalo entibiar.
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Hidratá la gelatina con las tres cucharadas de agua fría y dejala reposar unos minutos. Luego calentala unos segundos hasta que quede líquida.
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En un bowl, mezclá el queso crema con el azúcar hasta lograr una textura suave y sin grumos.
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Agregá el café disuelto y la vainilla, integrando bien todo.
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Incorporá la crema de leche previamente batida a medio punto, con movimientos envolventes para no perder aire.
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Sumá la gelatina ya disuelta en forma de hilo y mezclá rápidamente para que se distribuya bien.
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Verté el relleno sobre la base fría y alisá la superficie con una espátula.
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Llevá a la heladera por un mínimo de 4 horas, hasta que esté bien firme.
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Desmoldá con cuidado y cortá con cuchillo limpio para lograr porciones prolijas.
Tips y consejos:
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No batas la crema en exceso, debe quedar aireada pero no dura para mantener la textura cremosa.
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El café se puede ajustar a gusto, agregando un poco más si querés un sabor más intenso.
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Si querés un acabado más prolijo, podés enfriar la tarta de un día para el otro.
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Pasá el cuchillo por agua caliente antes de cortar para lograr un corte más limpio.
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Podés espolvorear cacao o agregar un toque de chocolate rallado por arriba para darle más presencia.
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Usá un molde desmontable para facilitar el desmolde sin romper la base.
Una tarta simple, elegante y muy rendidora, ideal para servir bien fría y disfrutar en cualquier ocasión.