Este bizcochuelo es ideal si buscás una textura súper aireada, suave y con una altura que realmente se note.
Es perfecto para tortas o para comer solo porque no se aplasta ni queda pesado.

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Con una técnica simple vas a lograr que suba más de lo normal y quede increíble.
Ingredientes
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4 huevos grandes
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200 g de azúcar
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200 g de harina 0000
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1 cucharadita de polvo de hornear
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100 ml de leche
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80 ml de aceite neutro
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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1 pizca de sal
Preparación
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Precalentá el horno a 170°C (moderado bajo).
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Batí los huevos con el azúcar durante 8 a 10 minutos hasta lograr una mezcla bien espesa, clara y aireada (punto letra).
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Agregá la esencia de vainilla y mezclá suavemente.
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Tamizá la harina junto con el polvo de hornear y la sal.
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Incorporá los ingredientes secos en 3 partes, con movimientos envolventes, sin batir.
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Mezclá la leche con el aceite.
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ACÁ ESTÁ EL TRUCO PARA QUE SALGA BIEN ALTO Y ESPONJOSO: antes de incorporar toda la mezcla líquida, sacá 2 cucharadas de la preparación aireada y mezclalas aparte con la leche y el aceite. Recién después integrá esa mezcla al resto con movimientos suaves. Esto evita que el líquido aplaste el batido y mantiene todo el aire.
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Volcá la preparación en un molde alto, enmantecado y con papel manteca en la base (sin enharinar los bordes).
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Llevá al horno sin abrir la puerta durante los primeros 35 minutos.
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Cociná entre 45 y 55 minutos, hasta que al pinchar salga seco.
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Dejá enfriar unos minutos antes de desmoldar.
Tips y consejos:
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El batido inicial es clave: no te apures en ese paso.
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Los movimientos envolventes tienen que ser suaves y constantes.
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No enharinar el molde ayuda a que el bizcochuelo trepe y crezca más.
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Usá un molde chico y alto si querés más altura.
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El horno bajo y estable hace toda la diferencia.
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Nunca abras el horno antes de tiempo.
Un buen bizcochuelo no depende de ingredientes raros, sino de respetar el proceso y cuidar el aire desde el principio hasta el final.