Un postre cremoso, firme y bien goloso, con ese sabor clásico a maní dulce que recuerda al Mantecol desde la primera cucharada.
Queda compacto para cortar en porciones, pero con una textura suave y cremosa por dentro.

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Se prepara en fuente, se enfría hasta tomar cuerpo y se termina con maní picado para darle una apariencia bien tentadora.
Ingredientes
- 300 g de Mantecol
- 250 g de queso crema firme
- 250 ml de crema de leche
- 200 g de dulce de leche repostero
- 120 g de mantequilla de maní
- 100 ml de leche
- 10 g de gelatina sin sabor
- 50 ml de agua fría
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 80 g de galletitas de vainilla molidas
- 50 g de manteca derretida
- 70 g de maní tostado picado para decorar
Preparación
- Molé las galletitas de vainilla hasta que queden como arena. Mezclalas con la manteca derretida hasta formar una preparación húmeda. Colocá esta mezcla en la base de una fuente rectangular mediana y presioná bien con una cuchara para que quede pareja y compacta. Llevá a la heladera mientras preparás la crema.
- Colocá el Mantecol en un bol y deshacelo con las manos o con un tenedor hasta que quede bien granulado. Reservá una parte pequeña para decorar si querés reforzar el sabor en la superficie.
- En otro bol, mezclá el queso crema con el dulce de leche repostero y la mantequilla de maní. Batí apenas hasta integrar. La idea es que quede una crema espesa, pareja y con mucho sabor a maní, sin volverla líquida.
- Sumá el Mantecol desmenuzado y la esencia de vainilla. Mezclá con movimientos envolventes para que se reparta bien en toda la preparación. En este punto la crema ya tiene que sentirse densa y pesada.
- Hidratá la gelatina sin sabor con los 50 ml de agua fría. Dejala reposar unos minutos hasta que se esponje. Después calentala apenas, sin hervir, hasta que se disuelva por completo.
- Entibiá los 100 ml de leche y mezclalos con la gelatina disuelta. Incorporá esta mezcla a la crema de Mantecol, revolviendo bien para que no queden grumos y para que el postre tome firmeza al enfriar.
- Batí la crema de leche aparte hasta que quede apenas sostenida, sin llegar a punto chantilly duro. Agregala a la preparación principal con movimientos suaves. Esto ayuda a que el postre quede cremoso, pero sin perder cuerpo.
- Volcá toda la mezcla sobre la base de galletitas. Emparejá la superficie con una espátula, cubriendo bien las esquinas de la fuente. Golpeá suavemente la fuente contra la mesada para eliminar espacios de aire.
- Cubrí con maní tostado picado y un poco de Mantecol desmenuzado por encima. Llevá a la heladera por un mínimo de 6 horas, aunque lo ideal es dejarlo de un día para el otro para que quede bien firme.
- Para servir, cortá porciones cuadradas con un cuchillo limpio. Pasá una espátula por debajo y levantá cada porción con cuidado para que mantenga la forma.
Tips y consejos:
- Usá dulce de leche repostero porque ayuda a que la crema quede más firme y con mejor estructura. El dulce de leche común puede ablandar demasiado la mezcla.
- La mantequilla de maní conviene que sea cremosa y no demasiado líquida. Si es muy aceitosa, mezclala bien antes de usarla para que el postre no pierda consistencia.
- No batas de más la crema de leche. Si queda demasiado aireada, el postre puede tomar una textura más liviana y menos compacta. Lo ideal es que aporte suavidad, pero que la preparación siga siendo densa.
- La gelatina es clave para lograr ese punto firme y cremoso a la vez. Tiene que estar bien disuelta antes de incorporarla, porque si quedan pedacitos sin integrar se pueden notar al comer.
- Para un sabor más intenso, podés sumar 2 cdas extra de mantequilla de maní o un poco más de Mantecol desmenuzado dentro de la crema.
- Antes de cortar, dejá el postre unos minutos fuera de la heladera. Así la porción sale más prolija y la textura se nota más cremosa al servir.
Queda un postre bien firme, suave y con mucho sabor a maní dulce.
Es ideal para preparar en fuente, cortar en porciones generosas y servir como un postre casero distinto, simple y muy tentador.