Este postre de limón queda suave, fresco y con una textura cremosa muy agradable.
Se prepara en pocos minutos y después solo necesita frío para tomar cuerpo.

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Es una opción práctica para servir en fuente y compartir en porciones generosas.
Ingredientes
- 500 mililitros de crema de leche bien fría
- 1 lata de leche condensada
- 120 mililitros de jugo de limón recién exprimido
Preparación
- Colocá la crema de leche bien fría en un bol amplio. Batila durante unos minutos hasta que empiece a tomar cuerpo. No hace falta llegar a un punto demasiado firme; tiene que quedar cremosa, aireada y con buena consistencia.
- Agregá la leche condensada de a poco mientras seguís mezclando. Integrá con movimientos suaves para que la preparación mantenga una textura liviana y pareja.
- Incorporá el jugo de limón en forma de hilo, mezclando constantemente. A medida que se une con la crema y la leche condensada, la preparación empieza a espesar y toma una consistencia más firme.
- Continuá mezclando hasta que quede una crema lisa, sin partes líquidas y con un color parejo. La textura debe ser suave, espesa y fácil de extender.
- Volcá la mezcla en una fuente mediana y emparejá la superficie con una espátula o cuchara. Golpeá apenas la base de la fuente contra la mesada para quitar burbujas grandes y dejar la superficie más prolija.
- Llevá a la heladera durante al menos 4 horas. Para un resultado más firme y bien asentado, lo ideal es dejarlo reposar de un día para el otro.
- Servilo bien frío, directamente en porciones con cuchara o cortado si tomó suficiente firmeza.
Tips y consejos:
- La crema de leche tiene que estar bien fría para que tome mejor cuerpo y ayude a lograr una textura más aireada.
- El jugo de limón conviene agregarlo de a poco, mezclando bien, para que la preparación espese de manera pareja.
- Si buscás un sabor más intenso, podés ajustar apenas la cantidad de limón, siempre cuidando que la crema no quede demasiado ácida.
- Para que quede más prolijo, usá una fuente de vidrio o cerámica y alisá bien la superficie antes de llevarla al frío.
- El descanso en heladera es clave: cuanto más repose, mejor textura va a tener al servir.
Queda un postre fresco, cremoso y muy simple, ideal para preparar con anticipación.
Con pocos pasos se logra una fuente rendidora, suave y perfecta para cerrar una comida con algo dulce y liviano.