Estos pancitos son suaves, livianos y con una miga bien esponjosa gracias a la papa, que les aporta humedad y una textura increíble.
Tienen ese dorado parejo por fuera y un interior tierno que se desarma al abrirlos. Son ideales para comer solos o acompañar cualquier comida.

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Ingredientes
- 2 papas medianas
- 3 tazas de harina común
- 1/2 taza de leche tibia
- 1 huevo
- 2 cucharadas de aceite
- 1 cucharada de azúcar
- 1 cucharadita de sal
- 1 sobre de levadura seca (10 g)
Opcional:
- 1 cucharada de queso rallado (para sumar sabor)
Preparación
- Pelá las papas, cortalas en cubos y hervilas hasta que estén bien blandas. Luego hacé un puré sin grumos y dejalo entibiar.
- En un bowl, colocá la leche tibia, el azúcar y la levadura. Mezclá y dejá reposar unos minutos hasta que espume.
- Sumá el puré de papa, el huevo y el aceite. Mezclá bien hasta integrar.
- Agregá la harina de a poco junto con la sal, formando una masa suave. Si usás queso rallado, incorporalo en este paso.
- Amasá durante unos minutos hasta obtener una masa lisa, apenas húmeda pero que no se pegue en exceso.
- Tapá y dejá levar en un lugar cálido hasta que duplique su tamaño.
- Desgasificá la masa y dividila en bollitos del mismo tamaño.
- Colocalos en una fuente enmantecada o aceitada, dejando un poco de espacio entre ellos.
- Dejá levar nuevamente hasta que estén inflados y bien suaves.
- Llevá a horno precalentado a temperatura media hasta que estén dorados en la superficie.
- Al sacarlos, podés pincelarlos con un poquito de aceite para darles brillo y mantenerlos suaves.
Tips y consejos:
- El puré tiene que estar frío o tibio, nunca caliente, para no afectar la levadura.
- No agregues toda la harina de golpe. La papa aporta humedad, así que puede variar la cantidad necesaria.
- La masa debe quedar suave, no dura. Eso es clave para que los pancitos salgan esponjosos.
- Si te quedan muy compactos, probablemente les faltó levado o amasado.
- Podés darles un toque extra pincelando con leche antes de hornear para un dorado más parejo.
- Si querés una miga aún más tierna, no los cocines de más. Apenas dorados ya están listos.
- Se pueden congelar una vez cocidos y después recalentar sin problema.
- También podés agregar un toque de orégano o ajo en polvo para variar el sabor sin cambiar la base.
- Son ideales para sandwiches, ya que mantienen la humedad y no se rompen fácilmente.
Un pan casero distinto, simple y con una textura que realmente marca la diferencia desde el primer bocado.