El mac and cheese es una receta simple, rendidora y perfecta para una cena rápida cuando querés algo bien sabroso.
Se prepara con pasta corta, una salsa cremosa de queso y una terminación dorada al horno que lo hace mucho más tentador.

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La clave está en lograr una salsa suave, sin grumos, y mezclarla con la pasta antes de llevar todo a gratinar.
Ingredientes
- 400 g de coditos, mostacholes chicos o pasta corta similar
- 40 g de manteca
- 40 g de harina 0000
- 600 ml de leche
- 200 g de queso cheddar
- 150 g de mozzarella
- 80 g de queso rallado
- 1 cdita de mostaza, opcional
- 1 pizca de nuez moscada
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- 2 cdas de pan rallado, opcional
- 1 cda extra de manteca para la fuente
Preparación
- Poné a hervir abundante agua con sal en una olla grande. Cuando rompa hervor, agregá la pasta y cocinala 1 o 2 minutos menos de lo que indica el paquete, porque después va a terminar de cocinarse en el horno.
- Escurrí la pasta y reservála. Podés agregarle apenas unas gotas de aceite o una cucharadita de manteca para que no se pegue mientras preparás la salsa.
- En una cacerola, derretí la manteca a fuego medio. Agregá la harina y mezclá durante 1 minuto con cuchara de madera o batidor de mano. Tiene que formarse una pasta pareja, sin que se queme.
- Sumá la leche de a poco, mezclando constantemente para evitar grumos. Al principio la preparación se espesa rápido, pero al seguir agregando leche se vuelve más suave.
- Cociná la salsa durante unos minutos, siempre revolviendo, hasta que tome una textura cremosa. No hace falta que quede demasiado espesa, porque al sumar los quesos va a tomar más cuerpo.
- Bajá el fuego y agregá el cheddar, la mozzarella y parte del queso rallado. Mezclá hasta que se derritan por completo. Sumá la mostaza si querés darle más sabor, junto con la nuez moscada, la pimienta y sal a gusto.
- Incorporá la pasta cocida a la salsa y mezclá bien para que quede cubierta de manera pareja. Si notás que la preparación está muy espesa, podés agregar un chorrito de leche caliente.
- Enmantecá una fuente para horno y volcá toda la preparación. Emparejá la superficie con una cuchara sin aplastarla demasiado.
- Espolvoreá por arriba el resto del queso rallado. Si querés una superficie más dorada, mezclá el pan rallado con una cucharadita de manteca derretida y repartilo por encima.
- Llevá a horno precalentado a 200 °C durante 15 a 20 minutos, hasta que la superficie esté dorada y la salsa burbujee suavemente en los bordes.
- Retirá del horno y dejá reposar 5 minutos antes de servir. Ese descanso ayuda a que la salsa se acomode y la porción salga más cremosa.
Tips y consejos:
- Usá pasta corta con huequitos o curvas, porque retiene mejor la salsa y queda mucho más sabrosa.
- No cocines de más la pasta en la primera cocción. Si llega muy blanda al horno, puede perder textura.
- El cheddar aporta color y sabor, pero conviene combinarlo con mozzarella o un queso cremoso para que la salsa quede más suave.
- Si preferís un sabor más intenso, podés sumar un poco de pategrás, reggianito o parmesano rallado.
- La salsa debe quedar cremosa antes de mezclar con la pasta. Si está demasiado firme, el resultado final puede quedar seco.
- Para recalentar, agregá un chorrito de leche y llevá unos minutos al horno o a fuego bajo, mezclando con cuidado.
Servilo caliente, recién salido del horno, con la superficie dorada y el interior bien cremoso.
Es una receta fácil, abundante y perfecta para resolver una cena con algo distinto sin complicarse demasiado.