Hay costumbres simples de cocina que parecen olvidadas, pero siguen siendo muy útiles cuando aparece un problema cotidiano.
Una de ellas consiste en agregar unos pocos granos dentro del salero para que la sal se mantenga más suelta.

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Es un recurso antiguo, fácil de aplicar y especialmente práctico en casas donde la humedad suele hacer que la sal se apelmace.
Por qué se pone arroz dentro del salero
El arroz crudo tiene la capacidad de absorber parte de la humedad del ambiente. Por eso, cuando se colocan algunos granos dentro del salero, ayudan a que la sal no se endurezca tan rápido ni forme esos bloques molestos que después tapan los agujeros.
Este método se usó durante años en muchas cocinas, especialmente en lugares húmedos o cerca de zonas donde se genera vapor, como la hornalla, la pava o las ollas. La idea es muy simple: la sal queda más suelta y sale mejor cada vez que se usa.
No hace falta llenar el salero de arroz. Con unos pocos granos alcanza. Lo importante es que el salero esté limpio y bien seco antes de cargarlo, porque si ya tiene humedad adentro, el arroz va a ayudar menos y la sal puede seguir apelmazándose.
Cómo aplicarlo correctamente
Primero conviene vaciar el salero si la sal ya está húmeda o endurecida. Después hay que lavarlo si hace falta y secarlo muy bien. Este paso es fundamental, porque cualquier resto de agua puede hacer que el problema vuelva rápidamente.
Una vez seco, se carga el salero con sal, dejando un pequeño espacio libre en la parte superior. Luego se agregan entre 6 y 10 granos de arroz crudo, según el tamaño del recipiente. Se cierra, se mueve suavemente y queda listo para usar.
El arroz queda mezclado con la sal, pero no debería salir por los agujeros si el salero tiene perforaciones normales. Su función es quedarse adentro y ayudar a absorber la humedad que se va acumulando con el uso diario.
Cada cuánto hay que cambiar el arroz
Depende mucho de la humedad del lugar y del uso que tenga el salero. En una cocina seca, puede durar varias semanas sin problema. En una cocina donde hay mucho vapor o humedad ambiente, conviene revisarlo cada 15 o 20 días.
Una buena señal para saber cuándo cambiarlo es mirar el estado de la sal. Si empieza a pegarse, salir con dificultad o formar pequeños grumos, es momento de vaciar el salero, limpiarlo y renovar tanto la sal como los granos de arroz.
También conviene cambiar el arroz si se nota oscuro, húmedo o pegado a la sal. No hace falta esperar a que el salero deje de funcionar por completo; renovarlo a tiempo ayuda a mantenerlo mejor.
En qué otros lugares puede servir el arroz contra la humedad
Además del salero, el arroz puede usarse en otros espacios chicos donde la humedad aparece de forma leve. Por ejemplo, en frascos de especias, siempre que estén bien cerrados y limpios. En ese caso, se pueden colocar algunos granos en una bolsita de tela fina o gasa para que no se mezclen directamente con el condimento.
También puede servir dentro de cajones pequeños, especialmente donde se guardan objetos que no conviene que tomen humedad, como clips, agujas, alfileres o elementos metálicos chicos. Para eso, lo mejor es poner un puñado de arroz en una bolsita de tela y dejarla en una esquina del cajón.
Otro uso común es en recipientes donde se guardan fósforos, porque la humedad puede arruinarlos con facilidad. Una bolsita chica con arroz ayuda a mantener el interior más seco, siempre que el recipiente esté bien cerrado.
En placares o espacios más grandes, el arroz puede ayudar solo de manera limitada. Para esos casos conviene usar recipientes más adecuados o mejorar la ventilación, porque el arroz funciona mejor en espacios chicos y cerrados.
Cuándo conviene usarlo y cuándo renovarlo
Este método es útil cuando la humedad es leve o moderada. Sirve para evitar que la sal se apelmace, para proteger objetos chicos o para mantener más secos algunos recipientes. No es una solución para paredes húmedas, filtraciones o ambientes con olor fuerte a encierro, porque ahí el problema necesita otra atención.
Lo ideal es revisar el arroz una vez por mes en lugares secos y cada dos semanas en zonas más húmedas. Si está apelmazado, cambió de color o perdió efecto, se tira y se reemplaza por arroz nuevo.
Es un recurso sencillo, económico y muy fácil de mantener.
Con unos pocos granos, el salero puede funcionar mejor y otros rincones pequeños de la casa pueden mantenerse más secos por más tiempo.