Esta masilla flexible es una opción práctica para trabajos simples de taller, moldes pequeños y manualidades caseras.
Se prepara con pocos materiales, toma cuerpo rápido y permite lograr una textura gomosa, firme y moldeable, ideal para piezas chicas que necesitan cierta resistencia sin quedar completamente rígidas.

Te recomendamos: No tires los frascos de vidrio: cómo convertirlos en lámparas decorativas
Materiales
- 3 cdas de silicona 100% de tubo
- 2 a 4 cdas de maicena
- 1 recipiente viejo
- 1 palito de madera o espátula
- Guantes
- Un poco de aceite, opcional
Procedimiento
- Colocá la silicona en un recipiente viejo, preferentemente uno que ya uses para trabajos de taller o manualidades. También conviene proteger la mesa con cartón, papel grueso o una superficie que se pueda manchar.
- Agregá 2 cdas de maicena y empezá a mezclar con un palito de madera o una espátula vieja. Al principio la preparación se va a ver pegajosa, pesada y difícil de unir, pero después empieza a tomar cuerpo.
- Sumá más maicena de a poco, solo si hace falta. No conviene agregar toda la cantidad junta, porque la mezcla puede secarse demasiado rápido y perder elasticidad.
- Cuando la pasta ya no esté tan pegajosa, ponete guantes y amasala unos minutos. La textura correcta tiene que sentirse gomosa, flexible y moldeable, sin quedar líquida ni quebrarse.
- Usá la masilla enseguida para formar piezas pequeñas, copiar relieves, hacer topes, cubrir bordes o crear moldes simples para manualidades. Una vez que empieza a secar, se vuelve más difícil corregir la forma.
- Dejá reposar la pieza en un lugar ventilado hasta que termine de endurecer. El tiempo depende del grosor: una pieza fina puede secar en pocas horas, mientras que una más gruesa puede necesitar más tiempo.
Tips y consejos
- Trabajá siempre en un lugar ventilado. La silicona puede largar olor fuerte mientras se seca, sobre todo si se usa bastante cantidad. No hace falta trabajar al aire libre, pero sí cerca de una ventana abierta o en un espacio donde circule el aire.
- Usá guantes desde el momento en que la mezcla empieza a tomar cuerpo. Al principio parece más fácil manejarla con una espátula, pero cuando se vuelve densa puede pegarse en los dedos y ser incómoda de retirar.
- Agregá la maicena de a poco. Este es el punto más importante para que la textura salga bien. Si ponés demasiada cantidad desde el inicio, la masilla puede quedar seca, opaca y con tendencia a quebrarse.
- Si la mezcla queda muy blanda, sumá apenas un poco más de maicena y seguí amasando. La idea no es dejarla dura, sino lograr que se pueda moldear sin pegarse demasiado.
- Si la mezcla se agrieta al doblarla, probablemente tenga exceso de polvo. En ese caso, conviene corregirla con una pequeña cantidad de silicona y volver a amasar hasta recuperar elasticidad.
- Para una terminación más lisa, podés pasarte apenas una gotita de aceite por los guantes y alisar la superficie antes de dejar secar. No uses demasiado, porque puede dificultar que la pieza mantenga bien la forma.
- Prepará poca cantidad por vez. Esta masilla es más cómoda de trabajar en porciones chicas, especialmente si querés copiar detalles o hacer piezas prolijas.
- Para copiar texturas, presioná la masilla fresca sobre la superficie elegida y retirala con cuidado. Sirve para relieves de hojas, telas gruesas, botones, adornos, molduras pequeñas o piezas decorativas.
- No la uses para moldes de comida, chocolate, hielo, horno ni elementos que vayan a tocar alimentos. Es una preparación pensada para manualidades, taller y usos decorativos.
- Guardar sobrantes no siempre funciona bien, porque la mezcla empieza a curar una vez preparada. Lo mejor es calcular solo lo que vas a usar en el momento.
Bien preparada, queda como una goma firme y flexible, útil para resolver trabajos pequeños sin complicarse demasiado.
Es una idea sencilla para tener en cuenta cuando hace falta una pieza moldeable, resistente y fácil de adaptar.