Categorías
Recetas de Comidas

Cómo hacer bocaditos salados de ricota y queso

Los bocaditos salados de ricota y queso son ideales para una merienda distinta, con una textura tierna por dentro y una superficie dorada muy tentadora.

Se preparan con una mezcla simple, se forman en porciones rústicas y se hornean hasta que quedan apenas crocantes en los bordes.

 

Te recomendamos: Cómo hacer huevos nube con queso

Son prácticos, rendidores y perfectos para servir tibios, cuando el queso todavía conserva una textura suave.

Ingredientes

  • 350 g de ricota
  • 120 g de queso rallado
  • 120 g de mozzarella, tybo o queso cremoso firme
  • 2 huevos
  • 90 g de harina 0000
  • 1 cdta de polvo de hornear
  • 1 cda de aceite
  • 1 cdta de sal
  • Pimienta negra, a gusto
  • Nuez moscada, a gusto
  • 1 cda de perejil picado, opcional
  • Aceite o rocío vegetal para la placa

Preparación

  1. Colocá la ricota en un bowl grande y desarmala con un tenedor. Si tiene demasiado líquido, conviene dejarla unos minutos sobre un colador fino para que escurra un poco. Esto ayuda a que los bocaditos mantengan mejor la forma durante la cocción.
  2. Agregá los huevos, el aceite, la sal, la pimienta y una pizca de nuez moscada. Mezclá hasta que la ricota quede bien integrada, pero sin buscar una crema totalmente lisa. Es mejor que conserve una textura apenas granulada.
  3. Sumá el queso rallado y el queso firme cortado en cubitos chicos o rallado grueso. Mezclá para repartirlo bien en toda la preparación. Estos quesos son los que le dan sabor, dorado y una textura más rica al interior.
  4. Incorporá la harina junto con el polvo de hornear. Mezclá con cuchara o espátula hasta formar una pasta espesa, húmeda y manejable. No debe quedar como una masa para amasar, sino como una preparación densa que se pueda tomar con cuchara.
  5. Si querés sumar un toque fresco, agregá el perejil picado y mezclá apenas. No hace falta usar mucha cantidad, solo lo justo para perfumar y darle un poco de color.
  6. Tapá el bowl y llevá la mezcla a la heladera durante 20 a 30 minutos. Este descanso ayuda a que tome cuerpo y permite formar bocaditos más prolijos sin tener que agregar harina de más.
  7. Precalentá el horno a 200 °C. Aceitá apenas una placa o cubrila con papel manteca. También podés usar una fuente antiadherente, siempre con un poco de aceite para que los bordes se doren mejor.
  8. Con ayuda de dos cucharas, tomá porciones de la mezcla y acomodalas sobre la placa, dejando un pequeño espacio entre cada una. Dales forma rústica, como montoncitos irregulares, sin aplastarlos demasiado.
  9. Llevá al horno durante 18 a 22 minutos, o hasta que los bocaditos estén dorados en la superficie y con los bordes apenas más tostados. El tiempo puede variar según el tamaño, por eso conviene mirarlos al final de la cocción.
  10. Retiralos del horno y dejalos reposar 5 minutos antes de moverlos. Recién salidos pueden estar muy tiernos, pero al asentarse toman mejor estructura sin perder la humedad interior.
  11. Servilos tibios o a temperatura ambiente. Quedan muy bien en una fuente o plato amplio, con algunos bocaditos enteros y uno abierto para mostrar la textura cremosa del interior.

Tips y consejos:

  • Usá ricota firme y bien escurrida. Si está muy aguada, la mezcla puede quedar floja y los bocaditos se van a expandir demasiado en el horno.
  • No agregues harina de más. La preparación tiene que sostenerse con cuchara, pero no debe volverse seca ni pesada. La gracia de estos bocaditos está en que queden húmedos y tiernos por dentro.
  • El queso rallado aporta sabor y ayuda al dorado. Podés usar reggianito, sardo o parmesano, según el gusto que quieras lograr.
  • Para que se noten pequeños sectores más cremosos, usá parte del queso en cubitos chicos. Al hornearse se integra a la mezcla y deja zonas más suaves.
  • El horno debe estar bien caliente antes de entrar la placa. Así se doran rápido por fuera y conservan mejor la humedad interna.
  • Si querés que queden más parejos, podés usar una cuchara para helado chica. Igual conviene mantener una forma algo rústica, porque eso ayuda a que los bordes se doren de manera más natural.
  • No los amontones en la placa. Si están muy juntos, pueden cocinarse con vapor y quedar menos dorados.
  • Se pueden recalentar unos minutos en horno bajo para recuperar la textura. Evitá calentarlos demasiado tiempo para que no pierdan humedad.

Estos bocaditos quedan dorados, suaves y con un sabor a queso bien marcado.

Son una opción salada simple para la merienda, fáciles de preparar y muy buenos para servir en una mesa informal con algo casero recién hecho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *