Los bocaditos salados de ricota y queso son ideales para una merienda distinta, con una textura tierna por dentro y una superficie dorada muy tentadora.
Se preparan con una mezcla simple, se forman en porciones rústicas y se hornean hasta que quedan apenas crocantes en los bordes.
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Son prácticos, rendidores y perfectos para servir tibios, cuando el queso todavía conserva una textura suave.
Ingredientes
- 350 g de ricota
- 120 g de queso rallado
- 120 g de mozzarella, tybo o queso cremoso firme
- 2 huevos
- 90 g de harina 0000
- 1 cdta de polvo de hornear
- 1 cda de aceite
- 1 cdta de sal
- Pimienta negra, a gusto
- Nuez moscada, a gusto
- 1 cda de perejil picado, opcional
- Aceite o rocío vegetal para la placa
Preparación
- Colocá la ricota en un bowl grande y desarmala con un tenedor. Si tiene demasiado líquido, conviene dejarla unos minutos sobre un colador fino para que escurra un poco. Esto ayuda a que los bocaditos mantengan mejor la forma durante la cocción.
- Agregá los huevos, el aceite, la sal, la pimienta y una pizca de nuez moscada. Mezclá hasta que la ricota quede bien integrada, pero sin buscar una crema totalmente lisa. Es mejor que conserve una textura apenas granulada.
- Sumá el queso rallado y el queso firme cortado en cubitos chicos o rallado grueso. Mezclá para repartirlo bien en toda la preparación. Estos quesos son los que le dan sabor, dorado y una textura más rica al interior.
- Incorporá la harina junto con el polvo de hornear. Mezclá con cuchara o espátula hasta formar una pasta espesa, húmeda y manejable. No debe quedar como una masa para amasar, sino como una preparación densa que se pueda tomar con cuchara.
- Si querés sumar un toque fresco, agregá el perejil picado y mezclá apenas. No hace falta usar mucha cantidad, solo lo justo para perfumar y darle un poco de color.
- Tapá el bowl y llevá la mezcla a la heladera durante 20 a 30 minutos. Este descanso ayuda a que tome cuerpo y permite formar bocaditos más prolijos sin tener que agregar harina de más.
- Precalentá el horno a 200 °C. Aceitá apenas una placa o cubrila con papel manteca. También podés usar una fuente antiadherente, siempre con un poco de aceite para que los bordes se doren mejor.
- Con ayuda de dos cucharas, tomá porciones de la mezcla y acomodalas sobre la placa, dejando un pequeño espacio entre cada una. Dales forma rústica, como montoncitos irregulares, sin aplastarlos demasiado.
- Llevá al horno durante 18 a 22 minutos, o hasta que los bocaditos estén dorados en la superficie y con los bordes apenas más tostados. El tiempo puede variar según el tamaño, por eso conviene mirarlos al final de la cocción.
- Retiralos del horno y dejalos reposar 5 minutos antes de moverlos. Recién salidos pueden estar muy tiernos, pero al asentarse toman mejor estructura sin perder la humedad interior.
- Servilos tibios o a temperatura ambiente. Quedan muy bien en una fuente o plato amplio, con algunos bocaditos enteros y uno abierto para mostrar la textura cremosa del interior.
Tips y consejos:
- Usá ricota firme y bien escurrida. Si está muy aguada, la mezcla puede quedar floja y los bocaditos se van a expandir demasiado en el horno.
- No agregues harina de más. La preparación tiene que sostenerse con cuchara, pero no debe volverse seca ni pesada. La gracia de estos bocaditos está en que queden húmedos y tiernos por dentro.
- El queso rallado aporta sabor y ayuda al dorado. Podés usar reggianito, sardo o parmesano, según el gusto que quieras lograr.
- Para que se noten pequeños sectores más cremosos, usá parte del queso en cubitos chicos. Al hornearse se integra a la mezcla y deja zonas más suaves.
- El horno debe estar bien caliente antes de entrar la placa. Así se doran rápido por fuera y conservan mejor la humedad interna.
- Si querés que queden más parejos, podés usar una cuchara para helado chica. Igual conviene mantener una forma algo rústica, porque eso ayuda a que los bordes se doren de manera más natural.
- No los amontones en la placa. Si están muy juntos, pueden cocinarse con vapor y quedar menos dorados.
- Se pueden recalentar unos minutos en horno bajo para recuperar la textura. Evitá calentarlos demasiado tiempo para que no pierdan humedad.
Estos bocaditos quedan dorados, suaves y con un sabor a queso bien marcado.
Son una opción salada simple para la merienda, fáciles de preparar y muy buenos para servir en una mesa informal con algo casero recién hecho.