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Cómo hacer baklava con nueces y miel, bien dorada y crocante

La baklava es un postre de capas finísimas, relleno de nueces y bañado con almíbar de miel, ideal para servir en porciones pequeñas y bien brillantes.

Su textura combina masa crocante, relleno aromático y un dulzor intenso que se disfruta de a bocados.

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Aunque parece elaborada, con paciencia para armar las capas se logra un resultado vistoso, prolijo y lleno de sabor.

Ingredientes

Para la baklava:

  • 1 paquete de masa filo, aproximadamente 400 g
  • 300 g de nueces peladas
  • 80 g de pistachos o almendras, opcional
  • 180 g de manteca derretida
  • 80 g de azúcar
  • 1 cdita de canela molida
  • 1 pizca de sal

Para el almíbar:

  • 220 g de azúcar
  • 180 ml de agua
  • 120 g de miel
  • 1 cda de jugo de limón
  • 1 cdita de esencia de vainilla, opcional
  • 1 trocito pequeño de cáscara de limón o naranja, opcional

Para terminar:

  • Nueces picadas, cantidad necesaria
  • Pistachos picados, opcional

Preparación

  1. Picá las nueces con cuchillo o procesadora, pero sin convertirlas en polvo. Lo ideal es que queden pedacitos pequeños e irregulares, para que el relleno tenga textura y se note bien al cortar cada porción. Si vas a usar pistachos o almendras, picalos de la misma manera y mezclalos con las nueces.
  2. Colocá los frutos secos picados en un bowl y agregá el azúcar, la canela y la pizca de sal. Mezclá bien para que el relleno quede parejo. La canela tiene que perfumar sin tapar el sabor de las nueces, por eso conviene usar una cantidad medida.
  3. Derretí la manteca a fuego bajo o en microondas y dejala lista en un recipiente. Tiene que estar líquida para pincelar la masa, pero no demasiado caliente. Si está muy hirviendo, puede humedecer de más las hojas de masa filo y hacer que se rompan.
  4. Prepará una fuente rectangular o cuadrada, preferentemente de unos 25 x 20 cm. Pincelá la base con manteca derretida. Abrí el paquete de masa filo y mantené las hojas cubiertas con un repasador apenas húmedo mientras trabajás, porque se secan muy rápido al contacto con el aire.
  5. Colocá una hoja de masa filo en la fuente y pincelala con manteca. Encima poné otra hoja y volvé a pincelar. Repetí el proceso hasta formar una base de 8 a 10 capas. No hace falta que queden perfectas, pero sí bien acomodadas y con manteca entre una y otra para lograr ese efecto crocante y laminado.
  6. Distribuí una capa fina de relleno de nueces sobre la base. No lo aplastes demasiado; simplemente repartilo de manera pareja para que cada cuadrado tenga relleno en toda la superficie.
  7. Cubrí con 4 o 5 hojas más de masa filo, pincelando cada una con manteca. Volvé a agregar otra capa de nueces. Repetí este armado hasta terminar el relleno, siempre alternando capas de masa y frutos secos.
  8. Para la parte superior, colocá entre 8 y 10 hojas de masa filo, también pinceladas una por una con manteca. Esta capa final es importante porque será la parte más dorada, crocante y vistosa de la baklava.
  9. Con un cuchillo bien filoso, cortá la baklava antes de hornear. Podés hacer cuadrados prolijos o rombos, pero para una presentación más clara y fácil de servir, los cuadrados funcionan muy bien. El corte debe llegar hasta el fondo de la fuente, porque después de horneada la masa queda muy crocante y se puede quebrar si intentás cortarla recién ahí.
  10. Llevá a horno precalentado a 170 °C durante 40 a 50 minutos, o hasta que la superficie esté bien dorada, brillante y crocante. Si notás que se dora demasiado rápido arriba, bajá un poco la temperatura y continuá la cocción unos minutos más para que las capas internas también queden bien hechas.
  11. Mientras la baklava está en el horno, prepará el almíbar. Colocá en una cacerolita el azúcar, el agua, la miel, el jugo de limón y la cáscara de cítrico si decidís usarla. Llevá a fuego medio y, cuando rompa hervor, cociná durante 8 a 10 minutos, hasta que tome una textura apenas más espesa.
  12. Retirá el almíbar del fuego, agregá la esencia de vainilla si la usás y dejalo reposar unos minutos. No tiene que quedar como caramelo espeso; debe ser fluido para que pueda entrar entre las capas de masa y humedecer bien el relleno sin volverlo pesado.
  13. Cuando la baklava salga del horno, bañala de inmediato con el almíbar tibio o caliente. Hacelo de a poco, siguiendo los cortes, para que el líquido se reparta bien entre las capas. Al principio puede parecer mucha cantidad, pero la masa y las nueces lo van absorbiendo con el reposo.
  14. Espolvoreá por encima nueces picadas y, si querés darle más color, un poco de pistacho picado. Dejá reposar como mínimo 3 horas antes de servir. Si puede descansar más tiempo, mejor, porque los sabores se asientan y la textura queda mucho más equilibrada.
  15. Serví en cuadrados individuales, levantando cada porción con cuidado para que se vean las capas de masa filo, el relleno de nueces y el brillo de la miel. Queda perfecta para una mesa dulce, para acompañar un café o para servir como postre en porciones chicas.

Tips y consejos:

  • La masa filo se seca muy rápido, por eso conviene trabajar con todo preparado antes de abrir el paquete. Tené lista la fuente, la manteca derretida, el pincel y el relleno para armar sin demoras.
  • No reemplaces la masa filo por hojaldre común si buscás una baklava tradicional. La gracia de este postre está en las capas finísimas, livianas y crocantes que se forman hoja por hoja.
  • Las nueces deben quedar picadas, no molidas. Si se procesan demasiado, el relleno puede volverse pastoso y perder esa textura crocante que hace tan rica a la baklava.
  • La manteca entre capas es fundamental. No hace falta empapar cada hoja, pero sí pincelarla de manera pareja para que la masa se dore bien y no quede seca.
  • El corte antes del horno no es un detalle menor. Si esperás a cortarla después, la parte superior puede quebrarse y perder prolijidad.
  • Para que quede bien brillante, el almíbar debe agregarse apenas la baklava sale del horno. Ese contraste ayuda a que el líquido entre entre las capas y deje la superficie con un brillo muy atractivo.
  • El reposo mejora mucho el resultado. Aunque recién hecha se ve tentadora, después de unas horas el almíbar se distribuye mejor y cada porción queda más sabrosa.
  • Si querés un sabor más aromático, podés sumar una pizca de clavo de olor molido al relleno o perfumar el almíbar con cáscara de naranja. Usá poca cantidad para no tapar el sabor de las nueces y la miel.
  • Para una presentación más vistosa, serví varios cuadrados apilados o apenas encimados, con nueces picadas por arriba y un poco del almíbar brillante en la base del plato.
  • La baklava se conserva muy bien en un recipiente cerrado a temperatura ambiente durante varios días. Es mejor no guardarla en la heladera, porque la humedad puede afectar la textura crocante de la masa.

La baklava con nueces y miel es un postre intenso, crocante y muy vistoso, perfecto para servir en porciones pequeñas.

Con una buena cantidad de capas, un relleno generoso y el almíbar justo, queda brillante, aromática y con una textura irresistible.

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