Una preparación clásica que levanta cualquier plato, con una textura suave y pequeños trozos que aportan contraste en cada bocado.
Ideal para acompañar carnes, pescados o incluso usar como dip.

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Ingredientes
- 200 g de mayonesa
- 2 cucharadas de pepinillos en vinagre
- 1 cucharada de alcaparras
- ½ cebolla chica o 2 cucharadas de cebolla picada
- 1 huevo duro
- 1 cucharada de jugo de limón
- 1 cucharadita de mostaza
- Perejil fresco a gusto
- Sal y pimienta a gusto
Preparación
- Picá bien chiquitos los pepinillos, las alcaparras y la cebolla. La clave está en que queden en trozos pequeños para que se integren bien en la salsa.
- Pelá el huevo duro y picalo fino. Podés separar la yema y la clara si querés una textura más pareja.
- En un bowl, colocá la mayonesa y agregá la mostaza junto con el jugo de limón. Mezclá hasta que quede una base cremosa y homogénea.
- Incorporá los pepinillos, las alcaparras, la cebolla y el huevo picado. Mezclá bien para distribuir todos los ingredientes.
- Sumá el perejil fresco picado y mezclá nuevamente.
- Condimentá con sal y pimienta a gusto. Probá y ajustá si querés más acidez o intensidad.
- Llevá a la heladera al menos 30 minutos antes de servir. Este paso ayuda a que los sabores se integren mejor.
Consejos:
- Cuanto más finos piques los ingredientes, más equilibrada queda la textura final. Si quedan trozos muy grandes, la salsa pierde cremosidad.
- Si querés una salsa más suave, podés reducir la cantidad de cebolla o incluso reemplazarla por cebolla de verdeo, que tiene un sabor más delicado.
- Para un sabor más intenso, podés agregar un poco del líquido de los pepinillos o de las alcaparras. Eso potencia mucho el perfil ácido.
- Si la salsa te queda muy espesa, podés aligerarla con unas gotas de limón o una cucharadita de agua.
- Es importante dejarla reposar en frío antes de usarla. Recién hecha ya es rica, pero después de un rato los sabores se integran mucho mejor.
- Podés adaptarla según lo que tengas en casa: aceitunas verdes picadas, un toque de ajo muy suave o incluso un poco de yogur para hacerla más liviana.
Una salsa simple pero potente, que transforma cualquier plato en algo mucho más sabroso con muy poco esfuerzo.