La salsa César casera es una preparación cremosa, intensa y muy sabrosa, ideal para levantar una ensalada simple y darle ese gusto clásico de restaurante.
Tiene una base suave, un toque salado bien equilibrado y una textura espesa que se adhiere perfecto a las hojas verdes.

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También sirve para acompañar pollo, verduras grilladas, sándwiches o tostadas crujientes.
Ingredientes
- 1 huevo
- 1 diente de ajo chico
- 3 filetes de anchoas
- 1 cucharadita de mostaza
- 2 cucharadas de jugo de limón
- 1 cucharadita de salsa inglesa
- 120 ml de aceite neutro
- 40 ml de aceite de oliva
- 3 cucharadas de queso rallado fino
- Sal, poca cantidad
- Pimienta negra, a gusto
Preparación
- Colocá el huevo en el vaso de la minipimer o licuadora. Sumá el ajo pelado, las anchoas, la mostaza, el jugo de limón y la salsa inglesa. Estos ingredientes son los que le dan a la salsa ese sabor profundo, salado y ligeramente ácido tan característico.
- Agregá el aceite neutro y el aceite de oliva. Si preferís una salsa más suave, podés usar solo aceite neutro y dejar el aceite de oliva para sumar apenas al final. El aceite de oliva aporta sabor, pero en mucha cantidad puede quedar demasiado intenso.
- Apoyá la minipimer en el fondo del vaso y empezá a procesar sin moverla durante los primeros segundos. Cuando la mezcla comience a espesar desde abajo, subí lentamente la minipimer para que se emulsione toda la preparación.
- Procesá hasta obtener una salsa cremosa, lisa y con cuerpo. Tiene que quedar espesa, pero no pesada. Si la notás demasiado firme, agregá una cucharadita de agua fría o un chorrito mínimo de jugo de limón y mezclá nuevamente.
- Sumá el queso rallado fino y la pimienta negra. Procesá unos segundos más o mezclá con cuchara si querés que se noten apenas los puntitos del queso y la pimienta.
- Probá antes de agregar sal, porque las anchoas, el queso y la salsa inglesa ya aportan bastante sabor. Si hace falta, sumá apenas una pizca y mezclá otra vez.
- Pasá la salsa a un bowl o frasco limpio. Llevá a la heladera al menos 20 minutos antes de usarla para que tome mejor consistencia y se integren bien los sabores.
- Servila sobre hojas de lechuga romana, con croutons y más queso rallado o en escamas. También queda muy bien como aderezo para wraps, pollo a la plancha, papas doradas o verduras al horno.
Tips y consejos:
- Para que la salsa quede bien cremosa, los ingredientes conviene usarlos a temperatura ambiente. Si el huevo está muy frío y el aceite demasiado frío, la emulsión puede tardar más en tomar cuerpo.
- El ajo tiene que ser chico o usarse en poca cantidad. Si ponés demasiado, puede tapar el sabor de la salsa y quedar muy fuerte después de unas horas en la heladera.
- Las anchoas no deberían sentirse como “pescado” en la salsa terminada. Bien procesadas, aportan profundidad y salinidad. Si querés un sabor más suave, usá 1 o 2 filetes en lugar de 3.
- Si preferís una versión sin anchoas, podés reemplazarlas por una cucharadita extra de salsa inglesa y un poco más de queso rallado. No queda exactamente igual, pero mantiene un sabor intenso y agradable.
- Para una salsa más liviana, reemplazá la mitad del aceite por yogur natural espeso. En ese caso, procesá primero la base con menos aceite y agregá el yogur al final, mezclando suavemente.
- Si querés evitar huevo crudo, podés usar mayonesa como base: mezclá 4 cucharadas de mayonesa con limón, mostaza, ajo, anchoas, queso rallado, pimienta y un chorrito de agua para aligerar. Es una opción práctica y más segura para quienes prefieren no usar huevo fresco.
- El queso rallado fino ayuda a que la salsa quede más integrada. Si usás escamas grandes, conviene agregarlas al momento de servir y no dentro de la salsa.
- La textura se puede ajustar fácilmente. Para una salsa más espesa, agregá un poco más de queso rallado. Para una salsa más fluida, sumá agua fría de a cucharaditas hasta lograr el punto deseado.
- Guardala en la heladera, en frasco limpio y bien tapado. Si la preparaste con huevo crudo, conviene consumirla en el día. Si la hiciste con mayonesa o yogur, puede durar 2 días bien refrigerada.
- No la dejes mucho tiempo fuera de la heladera, especialmente en días de calor. Sacala justo antes de servir y volvé a guardarla si sobra.
Esta salsa César casera queda cremosa, equilibrada y con mucho sabor.
Es una preparación simple, pero cambia por completo una ensalada común y también sirve para acompañar muchas comidas rápidas y caseras.