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Salsa César casera cremosa

La salsa César casera es una preparación cremosa, intensa y muy sabrosa, ideal para levantar una ensalada simple y darle ese gusto clásico de restaurante.

Tiene una base suave, un toque salado bien equilibrado y una textura espesa que se adhiere perfecto a las hojas verdes.

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También sirve para acompañar pollo, verduras grilladas, sándwiches o tostadas crujientes.

Ingredientes

  • 1 huevo
  • 1 diente de ajo chico
  • 3 filetes de anchoas
  • 1 cucharadita de mostaza
  • 2 cucharadas de jugo de limón
  • 1 cucharadita de salsa inglesa
  • 120 ml de aceite neutro
  • 40 ml de aceite de oliva
  • 3 cucharadas de queso rallado fino
  • Sal, poca cantidad
  • Pimienta negra, a gusto

Preparación

  1. Colocá el huevo en el vaso de la minipimer o licuadora. Sumá el ajo pelado, las anchoas, la mostaza, el jugo de limón y la salsa inglesa. Estos ingredientes son los que le dan a la salsa ese sabor profundo, salado y ligeramente ácido tan característico.
  2. Agregá el aceite neutro y el aceite de oliva. Si preferís una salsa más suave, podés usar solo aceite neutro y dejar el aceite de oliva para sumar apenas al final. El aceite de oliva aporta sabor, pero en mucha cantidad puede quedar demasiado intenso.
  3. Apoyá la minipimer en el fondo del vaso y empezá a procesar sin moverla durante los primeros segundos. Cuando la mezcla comience a espesar desde abajo, subí lentamente la minipimer para que se emulsione toda la preparación.
  4. Procesá hasta obtener una salsa cremosa, lisa y con cuerpo. Tiene que quedar espesa, pero no pesada. Si la notás demasiado firme, agregá una cucharadita de agua fría o un chorrito mínimo de jugo de limón y mezclá nuevamente.
  5. Sumá el queso rallado fino y la pimienta negra. Procesá unos segundos más o mezclá con cuchara si querés que se noten apenas los puntitos del queso y la pimienta.
  6. Probá antes de agregar sal, porque las anchoas, el queso y la salsa inglesa ya aportan bastante sabor. Si hace falta, sumá apenas una pizca y mezclá otra vez.
  7. Pasá la salsa a un bowl o frasco limpio. Llevá a la heladera al menos 20 minutos antes de usarla para que tome mejor consistencia y se integren bien los sabores.
  8. Servila sobre hojas de lechuga romana, con croutons y más queso rallado o en escamas. También queda muy bien como aderezo para wraps, pollo a la plancha, papas doradas o verduras al horno.

Tips y consejos:

  • Para que la salsa quede bien cremosa, los ingredientes conviene usarlos a temperatura ambiente. Si el huevo está muy frío y el aceite demasiado frío, la emulsión puede tardar más en tomar cuerpo.
  • El ajo tiene que ser chico o usarse en poca cantidad. Si ponés demasiado, puede tapar el sabor de la salsa y quedar muy fuerte después de unas horas en la heladera.
  • Las anchoas no deberían sentirse como “pescado” en la salsa terminada. Bien procesadas, aportan profundidad y salinidad. Si querés un sabor más suave, usá 1 o 2 filetes en lugar de 3.
  • Si preferís una versión sin anchoas, podés reemplazarlas por una cucharadita extra de salsa inglesa y un poco más de queso rallado. No queda exactamente igual, pero mantiene un sabor intenso y agradable.
  • Para una salsa más liviana, reemplazá la mitad del aceite por yogur natural espeso. En ese caso, procesá primero la base con menos aceite y agregá el yogur al final, mezclando suavemente.
  • Si querés evitar huevo crudo, podés usar mayonesa como base: mezclá 4 cucharadas de mayonesa con limón, mostaza, ajo, anchoas, queso rallado, pimienta y un chorrito de agua para aligerar. Es una opción práctica y más segura para quienes prefieren no usar huevo fresco.
  • El queso rallado fino ayuda a que la salsa quede más integrada. Si usás escamas grandes, conviene agregarlas al momento de servir y no dentro de la salsa.
  • La textura se puede ajustar fácilmente. Para una salsa más espesa, agregá un poco más de queso rallado. Para una salsa más fluida, sumá agua fría de a cucharaditas hasta lograr el punto deseado.
  • Guardala en la heladera, en frasco limpio y bien tapado. Si la preparaste con huevo crudo, conviene consumirla en el día. Si la hiciste con mayonesa o yogur, puede durar 2 días bien refrigerada.
  • No la dejes mucho tiempo fuera de la heladera, especialmente en días de calor. Sacala justo antes de servir y volvé a guardarla si sobra.

Esta salsa César casera queda cremosa, equilibrada y con mucho sabor.

Es una preparación simple, pero cambia por completo una ensalada común y también sirve para acompañar muchas comidas rápidas y caseras.

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