Los sablés de vainilla son unas masitas clásicas de textura delicada, tierna y ligeramente crocante en los bordes.
La manteca les da ese sabor suave y casero, mientras que la vainilla aporta un aroma simple pero muy agradable, ideal para acompañar el café, el té o el mate.

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Ingredientes
- 250 gr de harina 0000
- 150 gr de manteca
- 90 gr de azúcar impalpable
- 1 huevo
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 1 pizca de sal
Procedimiento
- Colocar la manteca blanda en un recipiente junto con el azúcar impalpable.
- Mezclar hasta obtener una preparación cremosa y pareja.
- Agregar el huevo y la esencia de vainilla.
- Integrar bien hasta que no queden partes separadas.
- Incorporar la harina y la pizca de sal.
- Mezclar con una espátula y terminar de unir suavemente con las manos, sin amasar demasiado.
- Formar un disco con la masa, envolverlo y llevarlo a la heladera durante unos 30 minutos.
- Precalentar el horno a 180 °C.
- Estirar la masa sobre una superficie apenas enharinada hasta dejarla de aproximadamente medio centímetro de espesor.
- Cortar las masitas con un cortante redondo o de bordes ondulados.
- Acomodarlas sobre una placa cubierta con papel manteca, dejando un pequeño espacio entre cada una.
- Llevar al horno durante aproximadamente 10 a 13 minutos.
- Retirar cuando los bordes comiencen a tomar un tono apenas dorado, procurando que el centro conserve un color claro.
- Dejar reposar unos minutos sobre la placa antes de pasarlas a una rejilla.
Tips y consejos
- La manteca debe estar blanda, pero no derretida.
- El azúcar impalpable ayuda a conseguir una textura más fina y delicada.
- No conviene amasar demasiado porque los sablés pueden perder su textura característica.
- El descanso en frío facilita el estirado y evita que las piezas pierdan demasiado la forma.
- Si la masa se ablanda mientras se trabaja, se puede enfriar nuevamente unos minutos.
- Mantener un grosor parecido entre las masitas ayuda a conseguir una cocción uniforme.
- No esperar a que estén completamente doradas, ya que podrían quedar demasiado secas.
- Para un aroma más intenso, se puede utilizar pasta o semillas de vainilla.
- Conviene manipularlas con cuidado cuando todavía están calientes porque son más frágiles.
- Se conservan durante varios días en un recipiente bien cerrado.
El resultado son sablés suaves y mantecosos, con una textura delicada que se desarma al morder y un aroma a vainilla simple, clásico y muy agradable.