Las rapiditas caseras son una de esas recetas básicas que conviene tener siempre a mano porque sirven para resolver comidas rápidas, wraps, fajitas, tacos suaves o rellenos improvisados.
La masa se prepara con pocos ingredientes y se cocina en sartén, sin horno y en muy poco tiempo.

Te recomendamos: Cómo hacer tortitas de harina de garbanzos rellenas de queso, doradas y bien caseras
El secreto está en estirarlas bien finitas, no pasarlas de cocción y mantenerlas tapadas para que queden blandas y fáciles de doblar.
Ingredientes
- 500 g de harina 0000
- 250 ml de agua tibia, aproximadamente
- 4 cdas de aceite
- 1 cdita de sal
- 1 cdita de polvo de hornear
- Harina extra para estirar
Preparación
- Colocá la harina en un bowl grande junto con la sal y el polvo de hornear. Mezclá bien para distribuir los ingredientes secos de manera pareja. El polvo de hornear ayuda a que las rapiditas queden más tiernas, pero sin inflarse demasiado.
- Agregá el aceite y empezá a incorporar el agua tibia de a poco. No conviene poner toda el agua de una sola vez, porque cada harina absorbe distinto. Mezclá primero con una cuchara y después seguí con la mano hasta formar una masa blanda, lisa y manejable.
- Pasá la masa a la mesada y amasá durante 6 a 8 minutos. Al principio puede sentirse un poco pegajosa, pero con el amasado empieza a tomar cuerpo. Si hace falta, espolvoreá apenas con harina, pero sin excederte para que no queden duras.
- Formá un bollo, cubrilo con un repasador limpio o con film y dejalo descansar durante 25 a 30 minutos. Este reposo es importante porque relaja la masa y permite estirarla bien fina sin que se encoja.
- Dividí la masa en 8 o 10 bollitos, según el tamaño que quieras lograr. Si las querés grandes para wraps, hacé menos bollos; si las preferís más chicas, dividí en más porciones.
- Tomá un bollito y estiralo con palote sobre la mesada apenas enharinada. Tiene que quedar bien fino y lo más redondo posible, aunque no hace falta que sea perfecto. Lo casero también se nota en los bordes un poco irregulares.
- Calentá una sartén grande o plancha a fuego medio fuerte. No hace falta agregar aceite. Cuando esté bien caliente, colocá una rapidita y cocinala durante 40 segundos a 1 minuto, hasta que empiece a inflarse apenas y aparezcan algunas manchitas doradas.
- Dala vuelta y cociná del otro lado unos segundos más. No la dejes demasiado tiempo, porque si se seca en la sartén después se quiebra al doblarla. La idea es que quede cocida, con algunas marcas doradas, pero todavía flexible.
- A medida que las vayas cocinando, apilalas en un plato y cubrilas con un repasador limpio. El vapor que se genera entre ellas ayuda a mantenerlas suaves y fáciles de enrollar.
- Repetí el proceso con todos los bollitos. Una vez listas, podés usarlas enseguida o guardarlas bien tapadas para que no pierdan humedad.
Tips y consejos:
- El agua tibia ayuda a formar una masa más elástica y fácil de trabajar. No tiene que estar hirviendo, solo agradable al tacto.
- No agregues demasiada harina al estirar. Un exceso puede hacer que las rapiditas queden secas o con una textura más dura.
- La sartén debe estar caliente antes de colocar la masa. Si está fría, la rapidita tarda demasiado en cocinarse y se reseca.
- Cocinalas poco tiempo. Este es uno de los puntos más importantes: cuanto más se pasan de cocción, menos flexibles quedan.
- Si querés que salgan más parejas, podés cortar los bordes con un plato como guía, pero no es necesario para una versión casera.
- Para mantenerlas blandas, apilalas apenas salen de la sartén y cubrilas siempre con un repasador.
- Si las vas a usar más tarde, guardalas en una bolsa o recipiente bien cerrado cuando todavía estén apenas tibias. Eso ayuda a conservar la humedad.
- Se pueden recalentar unos segundos en sartén, microondas o plancha. Si están un poco secas, envolvelas en un repasador apenas húmedo y dales calor suave.
- Para una versión con más sabor, podés sumar una pizca de ajo en polvo, orégano o pimentón dulce a la masa.
- También se pueden freezar separadas con papel manteca entre una y otra. Después se descongelan rápido y quedan listas para usar.
Estas rapiditas caseras son prácticas, económicas y muy rendidoras.
Quedan suaves, finas y flexibles, perfectas para rellenar con pollo, carne, verduras, queso, fiambres o lo que tengas en casa.