Este postre es ideal para cuando querés algo dulce, bien casero y simple, usando pocos ingredientes.
No lleva harina, se prepara sin batidora y tiene una textura suave, húmeda y bien marcada a coco.

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Es perfecto para servir frío, solo o con una cobertura simple.
Ingredientes
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200 g de coco rallado fino
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400 ml de leche (entera o parcialmente descremada)
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3 huevos
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120 g de azúcar (puede ser común o mascabo)
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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1 pizca de sal
Para la cobertura (opcional):
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Dulce de leche repostero
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Pasas de uva, coco rallado extra o lo que tengas a mano
Preparación
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En un bol grande colocá el coco rallado, el azúcar y la pizca de sal. Mezclá bien para que el azúcar se distribuya de manera pareja entre el coco.
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Agregá los huevos uno por uno. Integralos con cuchara o espátula, sin batir de más. La idea es unir todo, no incorporar aire.
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Sumá la leche de a poco, mezclando constantemente. Vas a notar que el coco empieza a hidratarse y la preparación toma una consistencia espesa pero fluida. Incorporá la esencia de vainilla.
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Dejá reposar la mezcla durante 10 minutos. Este paso es clave para que el coco absorba bien el líquido y el postre quede húmedo y firme después de la cocción.
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Mientras tanto, enmantecá un molde chico (puede ser redondo o tipo budinera) y, si querés, espolvoreá apenas con coco rallado para facilitar el desmolde.
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Volcá la preparación en el molde y emparejá la superficie con una espátula.
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Cociná en horno precalentado a 170 °C durante 45 a 55 minutos. El centro debe quedar firme pero apenas húmedo al tacto. No tiene que dorarse demasiado.
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Retirá del horno y dejá enfriar completamente a temperatura ambiente. Luego llevá a la heladera por al menos 2 horas antes de desmoldar.
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Una vez frío, desmoldá con cuidado y, si lo deseás, agregá dulce de leche por encima y algunas pasas o coco rallado extra.
Tips y consejos:
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No reemplaces el coco rallado por harina de coco, no funciona igual.
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Si te gusta más suave, podés usar mitad leche y mitad crema.
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Cuanto más frío esté al servir, mejor se sostiene al cortar.
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El reposo previo y el enfriado final son fundamentales para la textura.
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Se conserva bien en heladera hasta 3 días, tapado.
Este postre es simple, rendidor y perfecto para resolver algo dulce sin complicarse, usando ingredientes comunes y sin necesidad de técnicas raras.
Ideal para una sobremesa tranquila o para acompañar un café.