Despertarse y sentir que el cuerpo no responde puede ser una experiencia muy inquietante.
La parálisis del sueño suele durar poco tiempo, pero mientras ocurre puede generar una sensación intensa de miedo, especialmente cuando aparece acompañada por percepciones extrañas o la impresión de que hay alguien en la habitación.

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¿Qué es la parálisis del sueño?
La parálisis del sueño ocurre cuando una persona está consciente, pero durante unos segundos o minutos no puede moverse ni hablar. Suele aparecer justo al quedarse dormido o al despertar.
Está relacionada con el sueño REM, una etapa en la que el cerebro permanece muy activo mientras el cuerpo reduce temporalmente gran parte de la actividad muscular. En ocasiones, la conciencia regresa antes de que esa inmovilidad termine por completo.
Durante el episodio algunas personas también pueden sentir presión, dificultad para reaccionar o percibir figuras, sonidos o presencias que en realidad no están allí. Estas experiencias pueden resultar muy reales en ese momento, aunque forman parte del fenómeno.
¿Por qué puede aparecer?
No existe una única causa. La parálisis del sueño se ha relacionado especialmente con alteraciones en los horarios y la calidad del descanso.
Entre los factores asociados se encuentran dormir pocas horas, tener horarios irregulares, sufrir insomnio, trabajar por turnos o atravesar períodos en los que el sueño está muy interrumpido. El estrés y algunos trastornos del sueño también pueden influir.
Dormir boca arriba parece aumentar la probabilidad de experimentar estos episodios en algunas personas. Por eso, cambiar de posición puede resultar útil cuando el problema se repite con frecuencia.
¿Se puede evitar?
No existe una manera que garantice que nunca vuelva a ocurrir, pero algunos cambios en los hábitos de descanso pueden ayudar a reducir los episodios.
Mantener horarios relativamente estables para acostarse y levantarse es uno de los principales consejos. También resulta conveniente dormir lo suficiente: para la mayoría de los adultos, esto significa alrededor de 7 a 9 horas por noche.
También puede ayudar limitar la cafeína y el alcohol cerca de la hora de dormir, evitar comidas muy abundantes poco antes de acostarse y mantener una rutina nocturna que favorezca el descanso.
Si los episodios aparecen principalmente al dormir boca arriba, probar descansar de costado puede ser otra medida sencilla.
¿Qué hacer si ocurre?
Aunque resulte difícil en ese momento, recordar que el episodio es temporal puede ayudar a disminuir el miedo.
Algunas personas encuentran útil concentrarse en la respiración e intentar realizar movimientos pequeños, como mover un dedo de la mano o del pie. El objetivo no es forzar todo el cuerpo, sino esperar a que desaparezca gradualmente la inmovilidad.
La sensación suele desaparecer sola después de unos segundos o minutos.
¿Es peligrosa?
En la mayoría de los casos, la parálisis del sueño aislada no es peligrosa y muchas personas solamente la experimentan una o dos veces.
Sin embargo, cuando sucede repetidamente y empieza a afectar el descanso o provoca miedo a dormir, vale la pena consultar con un profesional.
También es importante buscar evaluación médica cuando aparece acompañada por una somnolencia excesiva durante el día, episodios repentinos de sueño o pérdida repentina del tono muscular. Esos síntomas pueden aparecer en trastornos como la narcolepsia y necesitan una evaluación específica.
Conocer qué ocurre durante estos episodios puede hacerlos menos desconcertantes.
Mejorar la regularidad y la calidad del descanso no garantiza que desaparezcan por completo, pero puede ayudar a que sean menos frecuentes y más fáciles de afrontar.