Una preparación simple y rendidora, ideal para acompañar distintas comidas o resolver algo rico con pocos ingredientes.
Es de esas recetas que, con una buena técnica, logran un resultado muy sabroso. Perfecta para cocinar sin apuro y disfrutar el proceso.

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Ingredientes
- 800 g de papines
- 3 cebollas grandes
- 2 dientes de ajo
- 2 cucharadas de manteca
- 2 cucharadas de aceite
- 1 taza de caldo (verduras o carne)
- 1/2 taza de vino blanco (opcional)
- Sal y pimienta a gusto
- 1 cucharadita de azúcar
- Perejil fresco picado
Preparación
- Lavá bien los papines y cortalos a la mitad. Cocinalos en agua con sal durante unos minutos hasta que estén apenas tiernos. Escurrilos y dejalos secar.
- En una sartén amplia, calentá el aceite junto con la manteca. Colocá los papines con el lado del corte hacia abajo y dejalos cocinar sin mover hasta que se forme una base dorada. Luego giralos y dorá ligeramente el otro lado. Reservá.
- En la misma sartén, agregá un poco más de aceite si hace falta y sumá las cebollas cortadas en tiras finas. Cocinalas a fuego medio-bajo con una pizca de sal, revolviendo de vez en cuando.
- Cuando empiecen a ablandarse, agregá el azúcar y continuá la cocción hasta que tomen color. Este proceso lleva varios minutos, pero es importante hacerlo con paciencia.
- Incorporá el ajo picado y cociná un minuto más.
- Sumá el vino y dejá que se evapore el alcohol. Luego agregá el caldo y dejá reducir hasta que la preparación quede más espesa.
- Volvé a incorporar los papines, mezclando suavemente para integrarlos con la cebolla.
- Llevá la preparación a horno medio durante 15 a 20 minutos para terminar de unir sabores.
- Retirá y terminá con perejil fresco picado antes de servir.
Tips y consejos:
- Secar bien los papines antes de dorarlos ayuda a lograr una mejor textura. Si están húmedos, no se sellan correctamente.
- Evitá moverlos mientras se cocinan al principio, ya que eso permite que se forme una buena base.
- La cebolla necesita tiempo y fuego bajo para desarrollarse correctamente. No apures este paso.
- Si se empieza a pegar, podés agregar un chorrito de líquido para despegar sin perder sabor.
- Ajustá la sal al final, ya que el caldo puede aportar bastante sabor.
- Podés sumar hierbas como tomillo o romero para variar el perfil.
- Si querés más intensidad, dejá reducir un poco más la salsa antes de llevar al horno.
- Servir caliente mejora mucho la experiencia final.
Es una receta sencilla, pero con una combinación de sabores que la hace muy especial y fácil de repetir.