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Recetas con Pollo

Fideos al horno cremosos con pollo y queso dorado

Estos fideos al horno con pollo, salsa cremosa y queso dorado son una receta bien sabrosa, rendidora y perfecta para servir en una fuente familiar.

La pasta queda cubierta con una crema suave, el pollo aporta cuerpo y el queso gratinado le da una superficie irresistible.

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Es una preparación simple, pero con una presentación muy tentadora para llevar directo a la mesa.

Ingredientes

  • 500 g de fideos cortos, como penne, mostacholes o rigatoni
  • 2 pechugas de pollo cocidas
  • 1 cebolla chica
  • 1 diente de ajo
  • 2 cucharadas de manteca
  • 1 cucharada de aceite
  • 250 ml de crema de leche
  • 300 ml de leche
  • 1 cucharada colmada de harina
  • 200 g de mozzarella
  • 100 g de queso rallado
  • Sal a gusto
  • Pimienta a gusto
  • Nuez moscada a gusto
  • Orégano o perejil picado, opcional

Preparación

  1. Herví los fideos en abundante agua con sal, pero retiralos 2 minutos antes del punto indicado en el paquete. Como después van al horno, conviene que queden apenas firmes para que no se pasen durante el gratinado.
  2. Escurrí la pasta y reservá. Podés agregarle un chorrito mínimo de aceite para que no se pegue mientras preparás la salsa, pero sin excederte para que después la crema se adhiera bien.
  3. Cociná las pechugas de pollo en agua con sal, al horno o a la plancha. Una vez listas, cortalas en cubos medianos o desmenuzalas en trozos grandes. La idea es que el pollo se note dentro de la preparación y no desaparezca en la salsa.
  4. Picá la cebolla bien chica y también el diente de ajo. En una sartén grande, calentá la manteca con el aceite y salteá la cebolla hasta que quede transparente. Agregá el ajo y cociná unos segundos más, cuidando que no se queme.
  5. Sumá la harina y mezclá durante 1 minuto para formar una base cremosa. Después incorporá la leche de a poco, revolviendo constantemente para evitar grumos. Cociná hasta que la salsa empiece a espesar.
  6. Agregá la crema de leche, sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Mezclá bien y cociná unos minutos más, hasta obtener una salsa suave, cremosa y no demasiado espesa. Si queda muy pesada, podés aflojarla con un chorrito extra de leche.
  7. Incorporá el pollo a la salsa y mezclá para que se impregne bien. Después agregá los fideos cocidos y revolvé con cuidado, tratando de cubrir toda la pasta con la preparación cremosa.
  8. Pasá todo a una fuente para horno apenas enmantecada. Distribuí bien los fideos y acomodá algunos trozos de pollo para que se vean en la superficie.
  9. Cubrí con la mozzarella rallada o cortada en cubos chicos. Espolvoreá por encima el queso rallado y, si querés, un poco de orégano o perejil picado.
  10. Llevá a horno fuerte, a 200 °C, durante 15 a 20 minutos, hasta que la superficie quede bien dorada, burbujeante y gratinada. Si tu horno tiene grill, podés usarlo los últimos minutos para lograr un dorado más marcado.
  11. Retirá del horno y dejá reposar 5 minutos antes de servir. Ese descanso ayuda a que la salsa se acomode y permite levantar porciones más cremosas sin que se desarme todo.

Tips y consejos:

  • Usá fideos cortos con huecos o estrías, como penne, mostacholes o rigatoni, porque retienen mejor la salsa cremosa.
  • No cocines de más la pasta en el hervor inicial. Si llega demasiado blanda al horno, después puede perder textura.
  • El pollo puede estar hervido, salteado, al horno o incluso puede ser pollo que haya sobrado de otra comida. Lo importante es cortarlo en trozos visibles.
  • La salsa debe quedar cremosa, pero no seca. Durante el horneado la pasta absorbe parte del líquido, por eso conviene dejarla un poco más fluida antes de llevarla a la fuente.
  • Para un gratinado más atractivo, mezclá mozzarella con queso rallado. La mozzarella aporta elasticidad y el queso rallado ayuda a dorar mejor.
  • Si querés más sabor, podés agregar un poco de cebolla de verdeo, champiñones salteados o cubitos de jamón, pero sin cargar demasiado la receta.
  • La fuente debe ir al horno apenas enmantecada para que los bordes no se peguen y para que la pasta quede más fácil de servir.
  • Si la superficie se dora muy rápido, bajá un poco el horno y dejá que el interior termine de calentarse bien.

Servilo caliente, con el queso recién gratinado y la salsa cremosa envolviendo la pasta.

Es una receta simple, abundante y muy vistosa, ideal para una comida casera con mucho sabor.

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