Una preparación simple pero con un sabor profundo que se logra con un método bien casero.
El ahumado natural transforma completamente el resultado y le da un perfil distinto a cualquier escabeche tradicional.

Te recomendamos: Matambre a la pizza al horno bien jugoso
Ideal para tener listo en la heladera y usar en tostadas, picadas o acompañamientos.
Ingredientes
- 2 berenjenas grandes
- 2 morrones rojos
- 200 a 300 ml de aceite de oliva
- 2 dientes de ajo (opcional)
- 1 cucharada de vinagre (opcional)
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- Orégano o ají molido (opcional)
Preparación
- Colocá las berenjenas y los morrones directamente sobre la hornalla a fuego medio/alto. Giralos cada tanto para que se quemen de manera pareja hasta que la piel quede bien negra.
- Una vez completamente quemados por fuera, retiralos del fuego y colocalos inmediatamente dentro de una bolsa o recipiente cerrado. Dejalos reposar hasta que estén tibios.
- Abrí la bolsa y pelá suavemente. No los limpies del todo: dejá aproximadamente un 25% de lo quemado para potenciar el sabor ahumado.
- Picá tanto la berenjena como los morrones lo más chico posible. La idea es que quede bien integrado, casi como una mezcla gruesa.
- Si decidís usar ajo, picarlo bien fino e incorporarlo en este momento.
- Colocá un poco de aceite de oliva en el fondo de un frasco limpio.
- Agregá la mezcla picada y cubrí completamente con más aceite hasta que todo quede bien sumergido.
- Condimentá a gusto con sal, pimienta y, si querés, un toque de vinagre, orégano o ají molido.
- Mezclá suavemente dentro del frasco, cerrá y llevá a la heladera al menos 12 horas antes de consumir para que los sabores se integren bien.
Tips y consejos:
- El ahumado real está en el quemado: si no llegás a ese punto bien negro, el sabor no se desarrolla igual. No tengas miedo de quemar bien la piel, es lo que marca la diferencia.
- No pelar completamente: dejar parte de la piel quemada es clave. Si limpiás todo, perdés intensidad y queda mucho más suave.
- Picado fino: cuanto más chico piques todo, mejor se integran los sabores y más agradable queda la textura al comer.
- Equilibrio del aceite: no te quedes corto. Todo tiene que estar bien cubierto para conservarse mejor y lograr esa textura típica de escabeche.
- Control del sabor fuerte: si te queda demasiado intenso, podés agregar un poco más de aceite o incluso un chorrito extra de vinagre para equilibrar.
- Ajo con cuidado: aporta mucho sabor, pero si te pasás puede tapar el ahumado. Usalo en poca cantidad.
- Tiempo de reposo: recién hecho ya sirve, pero al día siguiente cambia completamente. El sabor se vuelve mucho más profundo.
- Conservación: mantenelo siempre en heladera y bien cubierto de aceite. Si ves partes expuestas, agregá más aceite.
- Variantes: podés sumar cebolla previamente cocida o incluso un toque de limón, pero siempre sin tapar el sabor ahumado principal.
Es de esas preparaciones que parecen simples, pero cuando están bien hechas, no pasan desapercibidas.