Un trago fresco, aromático y perfecto para cualquier momento, con ese equilibrio ideal entre ácido, dulce y el toque del ron.
El mojito es simple, pero tiene sus detalles: bien hecho, cambia completamente la experiencia. Con ingredientes básicos y un buen armado, queda como de bar.

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Ingredientes
- 50 ml de ron blanco
- 1 lima (o limón)
- 2 cucharaditas de azúcar
- Un puñado de hojas de menta fresca
- Hielo (preferentemente triturado o en cubos pequeños)
- Soda (cantidad necesaria)
Preparación
- Cortá la lima en gajos y colocalos dentro del vaso.
- Agregá el azúcar sobre la lima. Esto ayuda a extraer mejor el jugo al machacar.
- Incorporá las hojas de menta (sin romperlas demasiado con la mano).
- Machacá suavemente con un muddler o cuchara. No aplastes en exceso la menta, solo lo justo para liberar el aroma sin que se vuelva amarga.
- Llená el vaso con hielo hasta arriba. Esto es clave para un buen mojito.
- Agregá el ron directamente sobre el hielo.
- Mezclá suavemente para integrar los sabores.
- Completá con soda hasta llenar el vaso.
- Revolvé ligeramente y decorá con una ramita de menta o una rodaja de lima.
Tips y consejos:
- No te excedas al machacar la menta. Si la rompés demasiado, libera sabores amargos. Solo presioná lo justo para que suelte aroma.
- Usá hielo en cantidad. El mojito tiene que ser bien frío, y el hielo ayuda a mantener el equilibrio del trago.
- La lima es fundamental. Si está jugosa y fresca, el resultado mejora muchísimo. Evitá usar jugo artificial.
- El azúcar puede ser blanca o rubia. La rubia aporta un sabor un poco más profundo, pero ambas funcionan bien.
- Si querés una textura más suave, podés disolver el azúcar antes en un poco de jugo de lima o usar almíbar.
- El orden importa: primero se machaca, después el hielo, luego el ron y al final la soda. Esto mantiene la frescura del gas.
- No revuelvas demasiado después de poner la soda. Solo lo justo para integrar, así no pierde gas rápidamente.
- Podés ajustar el dulzor a tu gusto agregando un poco más de azúcar o menos lima.
- Para un toque extra, frotá suavemente una hoja de menta en el borde del vaso antes de servir.
- Siempre servilo apenas preparado. Es un trago que no espera: cuanto más fresco, mejor.
Un clásico que nunca falla, fácil de hacer y perfecto para disfrutar bien frío con todo su aroma y frescura.