La focaccia de cebolla y queso combina una masa casera esponjosa y aireada con cebollas doradas y queso fundido.
Su base ligeramente crocante y su interior tierno la convierten en una preparación italiana llena de sabor.

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Ingredientes
Para la masa:
- 500 gr de harina 000
- 380 ml de agua a temperatura ambiente
- 5 gr de levadura seca o 15 gr de levadura fresca
- 25 ml de aceite de oliva
- 10 gr de sal
- 1 cdita de azúcar
Para la cobertura:
- 400 gr de cebolla
- 200 gr de mozzarella
- 40 gr de queso rallado
- 2 cdas de aceite de oliva
- 1 cdita de romero fresco o seco
- Sal y pimienta a gusto
Para la fuente y la terminación:
- 3 cdas de aceite de oliva
- 1 pizca de sal gruesa
Preparación
- Colocar el agua en un bowl amplio y agregar la levadura junto con el azúcar. Mezclar hasta disolver e incorporar la harina, revolviendo con una cuchara o espátula hasta formar una masa húmeda y pegajosa.
- Agregar la sal y los 25 ml de aceite de oliva. Mezclar hasta integrar todos los ingredientes, sin intentar formar un bollo firme. La masa debe conservar una consistencia blanda y bastante hidratada.
- Cubrir el bowl y dejar descansar durante 20 minutos para que la harina absorba el agua y la masa comience a desarrollar elasticidad.
- Humedecer ligeramente una mano, tomar un extremo de la masa, estirarlo hacia arriba y doblarlo sobre el centro. Girar el recipiente y repetir el movimiento desde los otros tres lados, completando una serie de pliegues.
- Tapar nuevamente y dejar reposar 20 minutos. Realizar otras dos series de pliegues, respetando el mismo descanso entre cada una, hasta conseguir una masa más elástica y con mejor estructura.
- Cubrir el recipiente y dejar levar durante aproximadamente 60 a 90 minutos, o hasta que la masa aumente considerablemente su volumen y presente pequeñas burbujas en la superficie.
- Cortar las cebollas en pluma fina y colocarlas en una sartén con las 2 cdas de aceite de oliva. Cocinar a fuego medio-bajo durante 15 a 20 minutos, revolviendo ocasionalmente, hasta que estén tiernas y ligeramente doradas. Condimentar con sal y pimienta, retirar del fuego y dejar enfriar.
- Distribuir 2 cdas de aceite de oliva en una fuente rectangular de aproximadamente 25 × 35 cm. Volcar la masa cuidadosamente y extenderla con las manos aceitadas, procurando conservar las burbujas formadas durante el levado.
- Dejar descansar durante 15 minutos si la masa ofrece resistencia al estirarla. Continuar extendiéndola suavemente hasta cubrir el fondo de la fuente, sin aplastarla demasiado.
- Cubrir la fuente y dejar levar nuevamente durante 30 a 45 minutos, hasta que la masa esté inflada, aireada y presente burbujas visibles.
- Precalentar el horno a 230 °C. Distribuir la cucharada restante de aceite de oliva sobre la masa y presionar con las yemas de los dedos, formando cavidades profundas y repartidas por toda la superficie.
- Repartir las cebollas cocidas sobre la masa, procurando distribuirlas de manera uniforme. Agregar la mozzarella rallada o cortada en trocitos pequeños, el queso rallado y el romero.
- Espolvorear una pizca de sal gruesa y llevar al horno durante aproximadamente 25 a 30 minutos, hasta que la focaccia esté bien dorada, los bordes se despeguen ligeramente de la fuente y el queso se encuentre completamente fundido.
- Retirar del horno y dejar reposar durante 10 minutos. Desmoldar con cuidado y colocar sobre una rejilla para evitar que la humedad ablande la base.
- Cortar en porciones una vez que haya perdido parte del calor, utilizando un cuchillo de sierra para conservar la estructura aireada de la miga.
Tips y consejos
- Harina adecuada: La harina 000 tiene suficiente fuerza para desarrollar una masa elástica y aireada. Conviene evitar harinas demasiado débiles cuando se trabaja con tanta hidratación.
- Masa pegajosa: Es normal que la preparación resulte bastante húmeda. No agregues harina extra para convertirla en un bollo firme, porque perdería parte de su textura característica.
- Pliegues: Cada serie ayuda a fortalecer la masa sin necesidad de un amasado prolongado. Los movimientos deben ser suaves para evitar desgarrarla.
- Tiempo de levado: Puede variar según la temperatura ambiente. Lo importante es observar que la masa aumente de volumen y desarrolle burbujas.
- Cebollas bien cocidas: Cocinarlas lentamente permite que desarrollen un sabor más dulce. No hace falta llevarlas a un color marrón oscuro, ya que continuarán dorándose en el horno.
- Mozzarella firme: Utilizar una variedad de baja humedad ayuda a evitar que la cobertura libere demasiado líquido durante la cocción.
- Aceite de oliva: Es fundamental para conseguir una base ligeramente crocante y una superficie dorada sin resecar el interior.
- Cavidades profundas: Presionar con las yemas de los dedos permite formar los huecos característicos de la focaccia y distribuir mejor el aceite.
- No excederse con la cobertura: Una cantidad excesiva de queso y cebolla puede impedir que la superficie se cocine correctamente y hacer que la masa quede demasiado húmeda.
- Horno precalentado: Es importante que alcance la temperatura indicada antes de introducir la fuente. El calor inicial favorece el crecimiento y el dorado.
- Conservación: Guardar la focaccia en un recipiente hermético en la heladera durante 3 días. Para recuperar su textura, calentarla unos minutos en el horno a 180 °C.
- Congelación: Se puede congelar en porciones durante aproximadamente 2 meses, bien envuelta para evitar que se reseque.
La cebolla dorada y el queso fundido acompañan una miga suave y aireada, con bordes crocantes y mucho sabor casero.