Este bizcochuelo marmolado combina una masa suave de vainilla con otra de chocolate, logrando ese dibujo clásico que aparece en cada porción.
La textura queda esponjosa, húmeda y pareja, ideal para acompañar el mate, el café o el té. Es una receta casera, rendidora y muy atractiva tanto por su sabor como por su corte.

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Ingredientes
- 4 huevos
- 220 g de azúcar
- 180 ml de leche
- 180 ml de aceite
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- 300 g de harina 0000
- 2 cucharaditas de polvo para hornear
- 1 pizca de sal
- 25 g de cacao amargo
- 2 cucharadas extra de leche, para la parte de chocolate
- Manteca y harina, cantidad necesaria para el molde
Preparación
- Enmantecá y enhariná un molde redondo de aproximadamente 22 a 24 centímetros. También podés forrar la base con papel manteca para facilitar el desmolde.
- Colocá los huevos en un bowl amplio junto con el azúcar. Batí durante varios minutos, hasta obtener una mezcla más clara, espumosa y con algo de volumen.
- Agregá el aceite en forma de hilo mientras seguís mezclando. Incorporá después la leche y la esencia de vainilla. Revolvé hasta que la preparación quede uniforme.
- En otro recipiente, mezclá la harina con el polvo para hornear y la pizca de sal. Tamizá estos ingredientes secos para que la masa quede más pareja y aireada.
- Incorporá los ingredientes secos al bowl principal en dos o tres veces. Mezclá con batidor de mano o espátula, con movimientos suaves, solamente hasta integrar. No hace falta batir de más.
- Separá aproximadamente un tercio de la preparación en otro bowl. A esa parte agregale el cacao amargo tamizado y las 2 cucharadas extra de leche. Mezclá hasta obtener una masa homogénea, lisa y sin grumos.
- Volcá parte de la mezcla de vainilla en el molde. Encima distribuí cucharadas de la mezcla de chocolate. Continuá alternando ambas preparaciones hasta terminar.
- Cuando toda la masa esté en el molde, pasá un cuchillo o un palillo largo haciendo movimientos envolventes y suaves. No hay que mezclar demasiado: solo lo justo para formar el efecto marmolado.
- Llevá a horno precalentado a 170 °C durante 40 a 50 minutos, o hasta que el bizcochuelo esté cocido. El tiempo puede variar según el horno y el tipo de molde.
- Para comprobar el punto, insertá un palillo en el centro. Debe salir limpio o con apenas unas migas secas, pero sin masa húmeda adherida.
- Retirá el molde del horno y dejá reposar durante 10 minutos. Luego pasá un cuchillo fino por el borde y desmoldá con cuidado.
- Dejá enfriar completamente sobre una rejilla antes de cortar. De esa manera, la miga termina de afirmarse y el dibujo interior se ve mejor al servir.
Tips y consejos
- Batí bien los huevos con el azúcar al comienzo, porque ese paso ayuda a que el bizcochuelo quede más liviano y con una miga más pareja.
- Tamizá el cacao antes de incorporarlo para evitar pequeños grumos oscuros dentro de la parte de chocolate.
- Si la mezcla de chocolate quedara más espesa que la de vainilla, sumá una cucharada extra de leche. Las dos masas deben tener una consistencia parecida para formar un marmolado más prolijo.
- No trabajes demasiado con el cuchillo dentro del molde. Si revolvés de más, las masas se integran completamente y se pierde el dibujo característico.
- Usá un molde de buen tamaño. Si la masa queda demasiado alta, el centro puede tardar más en cocinarse mientras los bordes se doran antes.
- Durante los primeros 35 minutos, evitá abrir el horno. Un cambio brusco de temperatura puede hacer que el bizcochuelo baje en el centro.
- Si querés un sabor más intenso, podés agregar unas mini chips de chocolate en la parte de cacao, pero en poca cantidad para no alterar la textura.
- Una vez frío, se conserva muy bien durante 2 o 3 días en un recipiente cerrado. También se puede envolver y congelar en porciones.
Este bizcochuelo marmolado queda con una miga suave, un contraste equilibrado entre vainilla y chocolate, y un interior vistoso en cada corte.
Es una de esas recetas clásicas que funcionan muy bien para todos los días y que siempre dan ganas de repetir.