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Recetas con Pollo

Albóndigas de pollo: cómo hacer más de 20 con una sola pechuga

Una receta rendidora, sabrosa y perfecta para preparar una comida completa con pocos ingredientes.

Estas albóndigas de pollo quedan jugosas, doradas y bien acompañadas con un puré casero cremoso.

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La clave está en hacerlas chicas, sumar ingredientes simples y cocinar todo con una salsita suave que les dé más sabor.

Ingredientes

Para las albóndigas:

  • 1 pechuga de pollo grande
  • 1 huevo
  • 3 cucharadas de pan rallado
  • 2 cucharadas de queso rallado
  • 1 cebolla chica
  • 1 diente de ajo
  • 1 cucharada de perejil picado
  • 1 cucharadita de mostaza
  • Sal a gusto
  • Pimienta a gusto
  • 1 pizca de pimentón
  • 1 chorrito de aceite

Para la salsita:

  • 1 cucharada de manteca o aceite
  • 1/2 taza de caldo o agua caliente
  • 1 cucharadita de mostaza
  • 1 cucharadita de maicena
  • 2 cucharadas de agua fría para disolver la maicena
  • Sal a gusto
  • Pimienta a gusto
  • Perejil picado

Para el puré:

  • 4 papas medianas
  • 1 cucharada grande de manteca
  • 1/2 taza de leche caliente, aproximadamente
  • Sal a gusto
  • Pimienta a gusto
  • Nuez moscada opcional

Preparación

  1. Pelá las papas, cortalas en trozos parejos y ponelas a hervir en una olla con agua y sal. Es importante que los pedazos tengan un tamaño similar para que se cocinen al mismo tiempo y no queden partes duras. Cuando estén bien tiernas al pincharlas con un tenedor, colalas y dejalas unos segundos en la olla caliente para que pierdan el exceso de agua.
  2. Pisá las papas mientras todavía están calientes. Agregá la manteca, sal, pimienta y, si te gusta, apenas de nuez moscada. Sumá la leche caliente de a poco, mezclando hasta lograr un puré cremoso pero firme. No conviene agregar toda la leche junta, porque cada papa absorbe distinto y puede quedar demasiado líquido.
  3. Cortá la pechuga de pollo en cubos y procesala hasta que quede bien picada. Si no tenés procesadora, podés pedir que te la piquen o cortarla muy chiquita con cuchillo. La idea es lograr una mezcla pareja, húmeda y fácil de trabajar, pero sin convertirla en una pasta completamente líquida.
  4. Picá bien chiquita la cebolla y el ajo. Si querés un sabor más suave, podés saltearlos unos minutos con apenas de aceite antes de mezclarlos con el pollo. Este paso ayuda a que no se sientan crudos y le da un gusto más rico a las albóndigas.
  5. En un bowl grande colocá el pollo picado, el huevo, el pan rallado, el queso rallado, la cebolla, el ajo, el perejil, la mostaza, sal, pimienta y una pizca de pimentón. Mezclá muy bien con una cuchara o con las manos limpias hasta que todos los ingredientes queden integrados.
  6. Revisá la textura de la mezcla. Si está demasiado blanda, agregá una cucharada más de pan rallado. Si está muy seca, sumá apenas un chorrito de leche o agua. El punto ideal es una preparación húmeda, pero firme, que permita formar bolitas sin que se desarmen.
  7. Con las manos apenas humedecidas, formá albóndigas chicas y parejas. Para que salgan más de 20 con una sola pechuga, lo mejor es hacerlas de tamaño similar a una nuez. No hace falta que sean grandes: al cocinarlas toman cuerpo y rinden mucho mejor en el plato.
  8. Calentá una sartén grande con un chorrito de aceite y cociná las albóndigas a fuego medio. Doralas de todos lados, girándolas con cuidado para que mantengan la forma. No las muevas apenas las apoyás en la sartén; esperá a que hagan base y recién ahí dalas vuelta.
  9. Cuando estén doradas, bajá un poco el fuego y agregá el caldo o agua caliente. Sumá la mostaza y mezclá suavemente para levantar el sabor que quedó en la sartén. Tapá y dejá cocinar unos minutos, hasta que las albóndigas estén bien hechas por dentro.
  10. Disolvé la maicena en el agua fría y agregala a la sartén. Mové suavemente para que la salsa tome cuerpo sin romper las albóndigas. Cociná uno o dos minutos más, hasta que quede una salsa liviana, brillante y sabrosa. Probá y ajustá sal o pimienta si hace falta.
  11. Serví las albóndigas calientes junto con el puré cremoso. Terminá con perejil picado por encima y un poco de salsa sobre las albóndigas para que queden más jugosas.

Consejos:

  • Para que una sola pechuga rinda más, hacé albóndigas chicas y parejas. Si las formás del tamaño de una nuez, podés obtener entre 20 y 24 unidades sin problema, según el tamaño de la pechuga.
  • El pan rallado ayuda a dar estructura y también permite estirar la preparación, pero conviene agregarlo de a poco. Si te pasás, las albóndigas pueden quedar secas y menos jugosas.
  • La mostaza aporta sabor sin invadir la receta. Es ideal para levantar el gusto del pollo, que suele ser más suave que otras carnes.
  • Si querés una mezcla más sabrosa, salteá antes la cebolla y el ajo. Ese paso simple mejora mucho el resultado final y evita que queden con sabor fuerte o crudo.
  • Para que el puré quede más cremoso, agregá siempre la leche caliente y de a poco. Si la incorporás fría, baja la temperatura de la papa y puede cambiar la textura.
  • Pisá las papas apenas las colás, cuando todavía están calientes. Así se desarman mejor y el puré queda más suave, sin necesidad de trabajarlo demasiado.
  • No sobrecargues la sartén al cocinar las albóndigas. Si quedan muy apretadas, largan líquido y se hierven en lugar de dorarse. Si hace falta, cocinalas en dos tandas.
  • Si querés preparar esta comida con anticipación, podés dejar las albóndigas armadas en la heladera, bien tapadas, durante unas horas. También se pueden congelar crudas separadas en una bandeja y después guardar en una bolsa.

Una comida simple, rendidora y muy completa, ideal para transformar una sola pechuga en un plato abundante.

Con el puré casero y la salsita suave, queda una receta práctica para repetir cualquier día de la semana.

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