Una receta rendidora, sabrosa y perfecta para preparar una comida completa con pocos ingredientes.
Estas albóndigas de pollo quedan jugosas, doradas y bien acompañadas con un puré casero cremoso.

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La clave está en hacerlas chicas, sumar ingredientes simples y cocinar todo con una salsita suave que les dé más sabor.
Ingredientes
Para las albóndigas:
- 1 pechuga de pollo grande
- 1 huevo
- 3 cucharadas de pan rallado
- 2 cucharadas de queso rallado
- 1 cebolla chica
- 1 diente de ajo
- 1 cucharada de perejil picado
- 1 cucharadita de mostaza
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- 1 pizca de pimentón
- 1 chorrito de aceite
Para la salsita:
- 1 cucharada de manteca o aceite
- 1/2 taza de caldo o agua caliente
- 1 cucharadita de mostaza
- 1 cucharadita de maicena
- 2 cucharadas de agua fría para disolver la maicena
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- Perejil picado
Para el puré:
- 4 papas medianas
- 1 cucharada grande de manteca
- 1/2 taza de leche caliente, aproximadamente
- Sal a gusto
- Pimienta a gusto
- Nuez moscada opcional
Preparación
- Pelá las papas, cortalas en trozos parejos y ponelas a hervir en una olla con agua y sal. Es importante que los pedazos tengan un tamaño similar para que se cocinen al mismo tiempo y no queden partes duras. Cuando estén bien tiernas al pincharlas con un tenedor, colalas y dejalas unos segundos en la olla caliente para que pierdan el exceso de agua.
- Pisá las papas mientras todavía están calientes. Agregá la manteca, sal, pimienta y, si te gusta, apenas de nuez moscada. Sumá la leche caliente de a poco, mezclando hasta lograr un puré cremoso pero firme. No conviene agregar toda la leche junta, porque cada papa absorbe distinto y puede quedar demasiado líquido.
- Cortá la pechuga de pollo en cubos y procesala hasta que quede bien picada. Si no tenés procesadora, podés pedir que te la piquen o cortarla muy chiquita con cuchillo. La idea es lograr una mezcla pareja, húmeda y fácil de trabajar, pero sin convertirla en una pasta completamente líquida.
- Picá bien chiquita la cebolla y el ajo. Si querés un sabor más suave, podés saltearlos unos minutos con apenas de aceite antes de mezclarlos con el pollo. Este paso ayuda a que no se sientan crudos y le da un gusto más rico a las albóndigas.
- En un bowl grande colocá el pollo picado, el huevo, el pan rallado, el queso rallado, la cebolla, el ajo, el perejil, la mostaza, sal, pimienta y una pizca de pimentón. Mezclá muy bien con una cuchara o con las manos limpias hasta que todos los ingredientes queden integrados.
- Revisá la textura de la mezcla. Si está demasiado blanda, agregá una cucharada más de pan rallado. Si está muy seca, sumá apenas un chorrito de leche o agua. El punto ideal es una preparación húmeda, pero firme, que permita formar bolitas sin que se desarmen.
- Con las manos apenas humedecidas, formá albóndigas chicas y parejas. Para que salgan más de 20 con una sola pechuga, lo mejor es hacerlas de tamaño similar a una nuez. No hace falta que sean grandes: al cocinarlas toman cuerpo y rinden mucho mejor en el plato.
- Calentá una sartén grande con un chorrito de aceite y cociná las albóndigas a fuego medio. Doralas de todos lados, girándolas con cuidado para que mantengan la forma. No las muevas apenas las apoyás en la sartén; esperá a que hagan base y recién ahí dalas vuelta.
- Cuando estén doradas, bajá un poco el fuego y agregá el caldo o agua caliente. Sumá la mostaza y mezclá suavemente para levantar el sabor que quedó en la sartén. Tapá y dejá cocinar unos minutos, hasta que las albóndigas estén bien hechas por dentro.
- Disolvé la maicena en el agua fría y agregala a la sartén. Mové suavemente para que la salsa tome cuerpo sin romper las albóndigas. Cociná uno o dos minutos más, hasta que quede una salsa liviana, brillante y sabrosa. Probá y ajustá sal o pimienta si hace falta.
- Serví las albóndigas calientes junto con el puré cremoso. Terminá con perejil picado por encima y un poco de salsa sobre las albóndigas para que queden más jugosas.
Consejos:
- Para que una sola pechuga rinda más, hacé albóndigas chicas y parejas. Si las formás del tamaño de una nuez, podés obtener entre 20 y 24 unidades sin problema, según el tamaño de la pechuga.
- El pan rallado ayuda a dar estructura y también permite estirar la preparación, pero conviene agregarlo de a poco. Si te pasás, las albóndigas pueden quedar secas y menos jugosas.
- La mostaza aporta sabor sin invadir la receta. Es ideal para levantar el gusto del pollo, que suele ser más suave que otras carnes.
- Si querés una mezcla más sabrosa, salteá antes la cebolla y el ajo. Ese paso simple mejora mucho el resultado final y evita que queden con sabor fuerte o crudo.
- Para que el puré quede más cremoso, agregá siempre la leche caliente y de a poco. Si la incorporás fría, baja la temperatura de la papa y puede cambiar la textura.
- Pisá las papas apenas las colás, cuando todavía están calientes. Así se desarman mejor y el puré queda más suave, sin necesidad de trabajarlo demasiado.
- No sobrecargues la sartén al cocinar las albóndigas. Si quedan muy apretadas, largan líquido y se hierven en lugar de dorarse. Si hace falta, cocinalas en dos tandas.
- Si querés preparar esta comida con anticipación, podés dejar las albóndigas armadas en la heladera, bien tapadas, durante unas horas. También se pueden congelar crudas separadas en una bandeja y después guardar en una bolsa.
Una comida simple, rendidora y muy completa, ideal para transformar una sola pechuga en un plato abundante.
Con el puré casero y la salsita suave, queda una receta práctica para repetir cualquier día de la semana.