Una torta clásica que se destaca por su textura ultra húmeda y esponjosa, empapada con una mezcla dulce de leches que la vuelve irresistible.
Cada bocado es suave, jugoso y con ese equilibrio justo entre dulzura y cremosidad.

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Ideal para servir bien fría y que se deshaga en la boca.
Ingredientes
Para el bizcochuelo:
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5 huevos
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150 g de azúcar
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160 g de harina 0000
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1 cucharadita de polvo de hornear
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1 cucharadita de esencia de vainilla
Para la mezcla de tres leches:
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400 ml de leche
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1 lata de leche condensada
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200 ml de crema de leche
Para la cobertura:
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300 ml de crema de leche
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2 cucharadas de azúcar impalpable
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1 cucharadita de esencia de vainilla
Para decorar:
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Canela en polvo
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Cerezas al marrasquino
Preparación
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Separá las claras de las yemas y batí las claras a punto nieve.
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En otro bowl, batí las yemas con el azúcar hasta obtener una mezcla clara y espumosa.
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Agregá la vainilla e incorporá la harina tamizada junto con el polvo de hornear.
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Sumá las claras en varias partes, con movimientos envolventes para no perder aire.
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Volcá la preparación en un molde y llevá a horno precalentado a 170°C durante 30 a 35 minutos, hasta que esté cocido y apenas dorado.
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Dejá enfriar completamente dentro del molde.
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Mezclá en un bowl la leche, la leche condensada y la crema de leche hasta integrar bien.
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Pinchá toda la superficie del bizcochuelo con un tenedor o palillo.
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Volcá de a poco la mezcla de tres leches, permitiendo que se absorba lentamente.
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Dejá reposar unos minutos y, si es necesario, agregá más líquido hasta que esté bien húmedo pero sin excederte.
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Llevá a la heladera al menos 3 horas para que se asiente y tome la textura ideal.
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Batí la crema con el azúcar impalpable y la vainilla hasta que quede firme pero suave.
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Cubrí toda la superficie con una capa generosa, alisando o haciendo ondas con espátula.
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Espolvoreá un poco de canela por encima y colocá las cerezas para terminar.
Tips y consejos:
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No uses un bizcochuelo muy compacto, tiene que ser liviano para absorber bien el líquido.
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Agregá la mezcla de leches de a poco para controlar la humedad sin pasarte.
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El reposo en frío es clave para lograr esa textura cremosa característica.
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Si querés un resultado más prolijo, enfriá bien antes de cortar.
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La crema no debe estar demasiado batida, así queda más suave al comer.
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Podés ajustar la cantidad de líquido según qué tan húmeda la prefieras.
Una torta que combina simpleza con un resultado espectacular, perfecta para servir bien fría y disfrutar cada cucharada llena de sabor.