Esta torta queda alta, suave y con una miga bien húmeda que se mantiene linda incluso al día siguiente.
Tiene un dorado parejo, un perfume irresistible y una textura que no se desarma al cortar.

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Es de esas recetas que rinden un montón y siempre quedan “como de pastelería” sin complicarse.
Ingredientes
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3 huevos
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180 g de azúcar
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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100 g de manteca (a temperatura ambiente)
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60 ml de aceite (girasol o maíz)
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200 ml de leche (o yogur natural si querés más humedad)
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280 g de harina 0000
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15 g de polvo de hornear (1 cucharada sopera colmada)
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1 pizca de sal
Para los duraznos
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3 a 4 duraznos grandes (o 1 lata grande de duraznos en almíbar, bien escurridos)
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1 cucharada de harina (para mezclar con los cubitos, opcional pero ayuda)
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1 cucharada de azúcar extra (opcional, si la fruta está muy ácida)
Para terminar
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Azúcar impalpable, cantidad necesaria
Preparación
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Prendé el horno a 170–175°C. Enmantecá y enhariná un molde desmontable de 22 a 24 cm (o forrá la base con papel manteca para desmoldar más fácil).
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Si usás duraznos frescos, pelalos (si querés), sacales el carozo y prepará dos cortes: una parte en cubitos medianos para el interior y otra en gajos para la superficie. Si son en almíbar, escurrilos muy bien y secalos con papel de cocina.
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Para que los cubitos no se vayan al fondo, mezclalos en un bowl con 1 cucharada de harina (este paso es simple y suele mejorar mucho el resultado).
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En un bowl grande batí huevos, azúcar y vainilla 3 a 4 minutos, hasta que la mezcla aclare y se vea más aireada.
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Agregá la manteca blanda y batí un minuto más, hasta integrar. Sumá el aceite en forma de hilo y seguí batiendo apenas para que quede parejo.
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Incorporá la leche (o yogur) y mezclá. No te preocupes si la preparación parece más liviana: se acomoda cuando entra la harina.
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Tamizá harina, polvo de hornear y sal. Sumalos en 2 o 3 tandas, mezclando con espátula o batidor a velocidad baja, lo justo hasta que no queden partes secas. Evitá batir de más para que salga bien esponjosa.
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Sumá los cubitos de durazno enharinados y mezclá suave para repartirlos sin romper la miga.
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Volcá la mezcla en el molde y emparejá. Acomodá los gajos de durazno arriba, ligeramente hundidos en la masa, formando un dibujo como el de la foto. Si querés, espolvoreá una cucharada de azúcar por encima para un acabado más dorado.
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Horneá 50 a 65 minutos (depende del horno y del molde). A partir de los 45 minutos, controlá: al pinchar el centro con un palillo, debe salir apenas con miguitas húmedas, no con masa cruda.
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Dejá reposar 15 minutos en el molde, desmoldá y terminá de enfriar sobre rejilla. Cuando esté fría, espolvoreá azúcar impalpable.
Tips y consejos:
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Si la fruta está muy jugosa, secala bien antes de usarla; eso ayuda a que la miga no quede pesada alrededor del durazno.
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No subas demasiado la temperatura: esta torta crece mejor a horno medio, así se cocina parejo y queda bien alta.
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Para un corte más prolijo, esperá a que enfríe por completo; tibia es más frágil porque la fruta sigue caliente.
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Si querés más perfume, sumá ralladura fina de limón o naranja (solo un toque, sin tapar el durazno).
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Guardala en recipiente bien cerrado: mantiene la humedad y al día siguiente suele estar incluso más rica.
Queda una torta grande, bien tierna y con duraznos repartidos en cada porción, con una superficie dorada que la hace lucirse apenas la cortás.