Esta tarta es ideal para cuando buscás un postre fresco, llamativo y fácil de preparar.
Tiene una textura bien suave, se disfruta fría y combina sabores que funcionan perfecto juntos.

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Es una receta simple, rendidora y pensada para lucirse sin necesidad de técnicas complicadas.
Ingredientes
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200 g de galletitas de chocolate sin relleno
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100 g de manteca
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1 lata de leche condensada
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200 ml de crema de leche
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Jugo de 2 naranjas grandes
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Ralladura fina de 1 naranja
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1 cucharada de jugo de limón
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1 cucharada de azúcar
Preparación
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Triturá las galletitas de chocolate hasta que queden bien finas. Podés usar procesadora o colocarlas en una bolsa y aplastarlas con un palo de amasar.
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Derretí la manteca a fuego bajo o en el microondas.
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Mezclá las galletitas trituradas con la manteca derretida hasta lograr una preparación húmeda y pareja.
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Volcá la mezcla en un molde para tarta y presioná bien la base y los bordes con una cuchara o el dorso de un vaso.
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Llevá el molde a la heladera durante al menos 20 minutos para que la base quede firme.
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En un bol grande colocá la leche condensada.
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Agregá el jugo de naranja de a poco, mezclando suavemente hasta que la preparación espese de manera natural.
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Sumá la ralladura de naranja y la cucharada de jugo de limón, integrando bien.
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En otro recipiente, batí la crema de leche bien fría hasta que esté espesa, pero sin llegar a punto firme.
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Incorporá la crema batida a la mezcla de naranja con movimientos envolventes para mantener una textura bien cremosa.
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Retirá la base de la heladera y volcá el relleno, distribuyéndolo de forma pareja.
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En un pequeño recipiente, calentá la cucharada de azúcar con un chorrito mínimo de jugo de naranja hasta que se disuelva y quede líquido.
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Dejá entibiar apenas y volcá con cuidado una capa fina sobre la superficie de la tarta.
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Llevá la tarta a la heladera por un mínimo de 3 a 4 horas, hasta que esté bien fría y firme antes de servir.
Tips y consejos:
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Usá naranjas bien maduras y jugosas para lograr un sabor intenso y natural.
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La ralladura debe ser solo de la parte naranja de la cáscara para evitar amargor.
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El toque de limón no se siente en el sabor final, pero equilibra el dulzor y realza la naranja.
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No batas la crema de más; una textura apenas espesa hace que el relleno quede más suave.
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La base de chocolate aporta contraste y hace que la tarta sea más vistosa al cortar.
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Prepararla con varias horas de anticipación mejora notablemente la textura.
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Para un corte prolijo, usá un cuchillo limpio y apenas tibio.
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Se conserva bien tapada en la heladera por hasta 3 días.
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Servila bien fría para disfrutar mejor la cremosidad.
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Podés decorarla con un poco más de ralladura justo antes de llevarla a la mesa.
Una tarta fresca, cremosa y con un contraste de sabores que la vuelve especial.
Fácil de hacer, ideal para el calor y perfecta para cuando querés un postre que se vea bien y guste a todos.