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Recetas con Pollo

Supremas de pollo a la mostaza y miel con papas fritas

Las supremas a la mostaza y miel son una de esas comidas caseras que tienen mucho sabor sin necesidad de ingredientes raros.

La salsa queda equilibrada, con un toque dulce que realza el pollo y ayuda a que se dore mejor.

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Acompañadas con papas fritas, forman un plato completo, abundante y muy tentador.

Ingredientes

  • 2 supremas de pollo grandes
  • 3 cucharadas de mostaza
  • 2 cucharadas de miel
  • 2 cucharadas de aceite
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1 cucharada de jugo de limón
  • Sal, a gusto
  • Pimienta, a gusto
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 4 papas medianas
  • Aceite para freír
  • Perejil picado, opcional

Preparación

  1. Empezá limpiando las supremas si hiciera falta. Secalas bien con papel de cocina para retirar el exceso de humedad. Este paso ayuda mucho a que después se cocinen mejor y no larguen tanta agua en la fuente.
  2. En un bowl colocá la mostaza, la miel, el aceite, el ajo picado, el jugo de limón, el pimentón, un poco de sal y pimienta. Mezclá bien hasta formar una salsa pareja, algo espesa y bien integrada. La miel no tiene que tapar el sabor de la mostaza, sino acompañarla.
  3. Poné las supremas en una fuente y cubrilas con esta mezcla por todos lados. Lo ideal es que queden bien impregnadas. Si tenés tiempo, podés dejarlas reposar entre 20 y 30 minutos para que tomen más sabor, aunque también podés cocinarlas directamente.
  4. Llevá las supremas a una fuente apta para horno, acomodándolas enteras y sin encimarlas. Volcá por encima toda la salsa restante para que durante la cocción se vaya formando ese glaseado sabroso que después queda tan bien.
  5. Cocinalas en horno precalentado a temperatura media, alrededor de 200 grados, durante 30 a 40 minutos. El tiempo puede variar según el tamaño de las supremas. A mitad de cocción, abrí el horno y con una cuchara bañalas con el propio jugo de la fuente para que no se sequen y se doren parejo.
  6. Si querés un color más intenso al final, en los últimos minutos podés subir un poco la temperatura, pero sin descuidarlas para que la miel no se queme. Tienen que quedar doradas, brillantes y bien cocidas por dentro.
  7. Mientras el pollo está en el horno, pelá las papas y cortalas en bastones gruesos o medianos, tratando de que queden lo más parejas posible. Lavarlas después de cortarlas ayuda a sacar parte del almidón.
  8. Secá muy bien las papas con un repasador limpio o papel de cocina. Esto es importante para que al freírlas no salpiquen de más y para que queden mejor por fuera.
  9. Calentá abundante aceite en una olla o sartén profunda y freí las papas hasta que estén tiernas y doradas. Retiralas con espumadera y dejalas escurrir sobre papel absorbente. Salalas enseguida, cuando todavía están calientes.
  10. Serví las supremas enteras con una buena porción de papas fritas al lado. Si querés, terminá con un poco de perejil picado para dar un toque fresco y algo de color al plato.

Consejos:

  • Si las supremas son muy gruesas, podés hacerles un corte superficial apenas para ayudar a que el calor llegue mejor al centro sin deformarlas.
  • No conviene agregar demasiada miel porque el sabor dulce puede quedar invasivo y además se puede quemar antes de que el pollo termine de cocinarse.
  • El jugo de limón ayuda a equilibrar la salsa y a que no quede pesada. No hace falta poner mucho, apenas lo suficiente para levantar el sabor.
  • Para que las papas fritas salgan mejor, el aceite tiene que estar bien caliente, pero no humeando. Si está frío, absorben más grasa y quedan blandas.
  • También podés hacer una doble fritura si querés un resultado más crocante: primero una cocción suave para ablandarlas y después una segunda fritura más fuerte para dorarlas.
  • Si durante el horneado ves que el fondo de la fuente se reduce demasiado, agregá una o dos cucharadas de agua caliente. Así evitás que la salsa se pegue o se queme.
  • Esta receta queda muy bien para una comida de todos los días, pero también sirve si querés preparar algo más especial sin complicarte demasiado.

Es una comida bien completa, con sabores que combinan muy bien entre sí y un resultado que suele gustar a todos.

Cuando el pollo queda jugoso y las papas salen crocantes, no necesita mucho más para lucirse.

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