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Qué pasa en el cerebro durante los primeros minutos del sueño

Apagamos la luz, cerramos los ojos y, después de unos minutos, dejamos de registrar lo que ocurre alrededor.

Parece algo sencillo, pero en ese pequeño intervalo el cerebro comienza una transición sorprendentemente compleja.

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Dormirse no significa que el cerebro se “apague”: su actividad cambia de organización y empieza a atravesar distintas etapas.

El momento en que empezamos a desconectarnos

Cuando todavía estamos despiertos pero comienza a aparecer la somnolencia, la actividad cerebral empieza a modificarse. Poco a poco disminuyen algunos patrones asociados al estado de vigilia y se inicia la entrada en la primera etapa del sueño no REM, conocida como N1.

Esta fase es muy liviana. De hecho, si alguien nos despierta en ese momento, es posible que digamos que todavía no estábamos dormidos.

También puede aparecer esa conocida sensación de estar “entre dos mundos”: los pensamientos pierden continuidad, surgen imágenes breves y la percepción del entorno comienza a disminuir.

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El cerebro todavía escucha lo que ocurre alrededor

Una de las cosas más llamativas es que durante estos primeros minutos el cerebro no deja inmediatamente de procesar los estímulos externos.

Los sonidos continúan llegando, aunque la respuesta cerebral frente a ellos empieza a cambiar a medida que avanzamos hacia el sueño. Los estudios sobre procesamiento auditivo muestran que determinadas respuestas a los sonidos disminuyen durante el inicio del sueño y se reducen todavía más al entrar en etapas posteriores.

Por eso puede ocurrir que una conversación, un televisor o un ruido de la calle parezcan alejarse progresivamente hasta que dejamos de prestarles atención.

Aparecen movimientos y sensaciones extrañas

Durante esta transición también pueden producirse pequeños movimientos involuntarios.

Uno de los más conocidos es la sensación repentina de caída acompañada por una sacudida del cuerpo justo cuando estamos quedándonos dormidos. Suele ocurrir en la transición entre la vigilia y el sueño y, aunque puede resultar llamativa, es algo frecuente.

El cuerpo, mientras tanto, empieza a relajarse y la actividad muscular disminuye progresivamente.

Después llega una etapa más estable

Si nada interrumpe el sueño, el cerebro avanza desde N1 hacia N2.

Aquí ya estamos claramente dormidos. En los registros de actividad cerebral comienzan a aparecer fenómenos característicos conocidos como husos del sueño y complejos K, utilizados justamente para identificar esta etapa.

N2 no es un momento excepcional de unos pocos minutos: de hecho, representa una parte importante del sueño total de una noche normal.

A medida que pasa el tiempo, el organismo puede continuar hacia el sueño profundo N3 y, posteriormente, hacia el sueño REM. Estas etapas se van alternando durante la noche en ciclos que suelen repetirse aproximadamente cada 80 a 100 minutos.

Dormirse no ocurre de golpe

Quizás lo más curioso es que no existe necesariamente un segundo exacto en el que podamos decir conscientemente: “ahora me dormí”.

El inicio del sueño es una transición. El cerebro va cambiando su actividad, disminuye progresivamente la atención sobre el ambiente y nuestra percepción consciente comienza a desconectarse. Investigaciones recientes incluso describen este paso como un proceso dinámico e inestable, más complejo que simplemente pasar de “encendido” a “apagado”.

Y mientras nosotros creemos que simplemente cerramos los ojos y desaparecemos durante unas horas, el cerebro acaba de comenzar uno de los procesos más fascinantes que repetimos todas las noches.

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