Este postre combina dos texturas en una sola preparación: una base con trozos firmes y una mezcla cremosa que los envuelve.
Es fresco, liviano y muy fácil de hacer, ideal para algo dulce sin complicarse.

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Ingredientes
Primera preparación (para los trozos):
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40 g de gelatina de frutilla
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250 ml de agua caliente
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250 ml de agua fría
Segunda preparación (parte cremosa):
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40 g de gelatina de frutilla
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100 ml de agua caliente
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150 ml de agua fría
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400 ml de crema de leche
Extra:
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Un poco de aceite (para el molde)
Preparación
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En un bowl, disolvé los 40 g de gelatina de frutilla en los 250 ml de agua caliente, mezclando bien hasta que no queden grumos.
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Agregá los 250 ml de agua fría y mezclá nuevamente hasta integrar por completo.
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Volcá la preparación en un recipiente plano o en el mismo molde previamente aceitado y llevá a la heladera.
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Dejá enfriar hasta que esté completamente firme (aproximadamente 1 a 2 horas).
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Una vez firme, desmoldá si hace falta y cortá la gelatina en cubos o trozos irregulares con un cuchillo. Este paso es fundamental para lograr los pedazos visibles dentro del postre.
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Colocá esos trozos dentro del molde savarín apenas aceitado, distribuyéndolos de manera uniforme.
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En otro bowl, disolvé los otros 40 g de gelatina en los 100 ml de agua caliente, mezclando bien.
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Agregá los 150 ml de agua fría y dejá entibiar unos minutos.
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Incorporá la crema de leche y mezclá suavemente hasta obtener una preparación homogénea y ligeramente espesa.
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Volcá esta mezcla cremosa sobre los cubos de gelatina ya acomodados en el molde, asegurándote de que se filtren entre los espacios.
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Llevá a la heladera durante al menos 4 horas, hasta que esté completamente firme.
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Para desmoldar, pasá el molde unos segundos por agua tibia y volcá sobre un plato.
Tips y consejos:
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Cortar la gelatina en trozos irregulares mejora el efecto visual final.
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No agregues la mezcla cremosa caliente, porque puede derretir los cubos.
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El molde apenas aceitado ayuda a que salga perfecto sin romperse.
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Si querés un efecto más cargado, podés usar más cantidad de cubos.
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Servir bien frío mejora la textura y el sabor.
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Podés repetir la receta con otros sabores de gelatina.
Queda firme, cremoso y con ese contraste de texturas que lo hace súper atractivo y diferente.