El pan casero tiene algo especial que no se compara con ningún otro. El aroma durante la cocción, la corteza dorada y ese interior tierno hacen que valga la pena prepararlo en casa.
Esta receta es simple, no requiere técnicas complicadas y rinde muy bien, ideal para tener pan fresco para varios días.

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Ingredientes
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1 kg de harina común
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20 g de sal
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25 g de levadura fresca (o 10 g de levadura seca)
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600 ml de agua tibia
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3 cucharadas de aceite
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Harina extra para la mesada
Preparación
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En un bowl grande colocá la harina y hacé un hueco en el centro. Distribuí la sal alrededor, evitando que quede en contacto directo con la levadura.
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En un recipiente aparte disolvé la levadura en un poco del agua tibia. Dejá reposar unos minutos hasta que comience a espumar.
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Volcá la levadura activada en el centro de la harina y empezá a integrar desde adentro hacia afuera. Agregá el resto del agua de a poco, mezclando hasta formar una masa blanda.
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Sumá el aceite y continuá mezclando hasta que la masa se una por completo.
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Pasá la masa a la mesada ligeramente enharinada y amasá durante unos 10 minutos. El objetivo es lograr una masa lisa, elástica y apenas pegajosa.
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Formá un bollo y colocalo en un bowl aceitado. Tapalo con un paño limpio y dejalo levar en un lugar templado hasta que duplique su tamaño.
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Una vez levada, volcá la masa sobre la mesada y desgasificá presionando suavemente con las manos.
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Dividí la masa en porciones del tamaño deseado y dales forma alargada, acomodándolas con cuidado para que queden parejas.
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Colocá los panes en una placa para horno ligeramente aceitada o con papel manteca. Cubrilos y dejalos levar nuevamente hasta que se noten más inflados.
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Antes de hornear, hacé unos cortes superficiales con un cuchillo bien filoso para que el pan crezca de manera pareja.
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Llevá a horno precalentado a temperatura alta y cociná hasta que los panes estén bien dorados, con una corteza firme y un sonido hueco al golpear la base.
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Retirá del horno y dejá enfriar sobre una rejilla antes de cortarlos.
Tips y consejos:
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El agua tibia activa mejor la levadura y ayuda a un levado parejo.
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Un buen amasado mejora la miga y la textura final del pan.
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Si el ambiente está frío, el levado puede demorar un poco más; conviene darle tiempo.
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Para una corteza más crocante, podés colocar un recipiente con agua dentro del horno durante la cocción.
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Este pan se puede congelar una vez frío y conservar muy bien.
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Cortarlo solo cuando esté tibio evita que la miga se aplaste.
Este pan casero es rendidor, simple y muy versátil.
Sirve tanto para el desayuno como para acompañar comidas o preparar sandwiches.
Con pocos ingredientes y un procedimiento claro, se logra un resultado bien casero, con sabor auténtico y textura perfecta para disfrutar todos los días.