La mostaza casera es una de esas preparaciones simples que sorprenden por su sabor intenso y natural.
A diferencia de las versiones industriales, permite controlar los ingredientes y ajustar el nivel de acidez, picante o dulzor según el gusto de cada uno.

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Con pocos ingredientes se puede lograr una mostaza cremosa, aromática y perfecta para acompañar todo tipo de comidas.
Ingredientes
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80 g de semillas de mostaza (mitad amarillas y mitad oscuras)
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120 ml de vinagre de manzana o vinagre blanco
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80 ml de agua
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1 cucharada de miel o azúcar
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1 cucharada de aceite de oliva
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½ cucharadita de sal
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½ cucharadita de cúrcuma (opcional, para color)
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½ cucharadita de ajo en polvo o una pizca de ajo fresco rallado (opcional)
Preparación
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Colocá las semillas de mostaza en un bowl y agregá el vinagre junto con el agua. Mezclá bien y dejá reposar entre 8 y 12 horas. Este paso permite que las semillas se hidraten y se ablanden.
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Una vez hidratadas, volcá la mezcla en una licuadora o procesadora.
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Agregá la miel o el azúcar, la sal, el aceite de oliva y la cúrcuma si decidís usarla.
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Procesá durante unos segundos hasta lograr la textura deseada. Podés dejarla más rústica con semillas visibles o procesarla más tiempo para obtener una mostaza más cremosa.
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Probá la preparación y ajustá el sabor si lo necesitás. Podés sumar un poco más de vinagre para mayor acidez o una pizca extra de miel para equilibrar el sabor.
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Pasá la mostaza a un frasco de vidrio limpio con tapa.
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Guardala en la heladera durante al menos 24 horas antes de consumir. Durante ese tiempo el sabor se intensifica y se equilibra.
Tips y consejos:
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Mezclar semillas amarillas y oscuras ayuda a lograr un sabor más equilibrado y una textura interesante.
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Si preferís una mostaza más suave, usá mayor proporción de semillas amarillas.
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Para un sabor más intenso podés agregar una pizca de pimienta negra o pimentón.
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Si la querés más cremosa, agregá una cucharada extra de agua o aceite al procesarla.
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Bien guardada en la heladera, la mostaza casera puede durar varias semanas.
Es una preparación sencilla que permite disfrutar una mostaza mucho más natural, sabrosa y adaptable a distintos platos como carnes, sándwiches, ensaladas o aderezos.