El merengue italiano es uno de los más estables y versátiles de la pastelería.
Su textura es lisa, brillante y muy firme, ideal para decorar tortas, rellenar, trabajar con manga o incluso usar como base para mousses.

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A diferencia de otros merengues, soporta mejor el calor y mantiene su forma por más tiempo, lo que lo convierte en una preparación clave para muchas recetas dulces.
Ingredientes
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4 claras de huevo a temperatura ambiente
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240 g de azúcar blanca
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80 ml de agua
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1 pizca de sal
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Opcional: unas gotas de jugo de limón o vinagre
Preparación
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Colocá las claras en un bowl bien limpio y seco. Agregá una pizca de sal y comenzá a batir a velocidad media hasta que se forme una espuma blanca y pareja.
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Aumentá la velocidad de la batidora y seguí batiendo hasta que las claras formen picos suaves. No deben estar firmes todavía. En este punto, detené el batido y reservá.
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En una ollita chica colocá el azúcar y el agua. Llevá a fuego medio-alto sin revolver en ningún momento. Dejá que la mezcla hierva y se vaya concentrando.
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Cociná el almíbar hasta alcanzar los 118 °C. Si no contás con termómetro, podés comprobar el punto colocando una gota del almíbar en agua fría: si se forma una bolita blanda que se puede manipular con los dedos, está listo.
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Volvé a poner en marcha la batidora con las claras a velocidad media. Con mucho cuidado, comenzá a verter el almíbar caliente en forma de hilo fino y constante. Es importante que caiga sobre el costado del bowl y no directamente sobre las aspas.
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Una vez incorporado todo el almíbar, aumentá la velocidad de la batidora y continuá batiendo durante varios minutos.
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Seguí batiendo hasta que el merengue esté bien brillante, espeso y forme picos firmes que no se caigan. El bowl debe sentirse frío al tacto, señal de que el merengue ya está listo.
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Si decidís usar limón o vinagre, agregá unas gotas hacia el final del batido y mezclá unos segundos más.
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Utilizá el merengue de inmediato o conservá tapado en la heladera hasta el momento de usar.
Tips y consejos:
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El bowl y las varillas deben estar completamente limpios y sin restos de grasa.
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Las claras a temperatura ambiente montan mejor que las frías.
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No es necesario agregar azúcar extra: el almíbar ya aporta la dulzura y estabilidad.
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El merengue debe quedar liso y satinado, nunca opaco o granulado.
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Se puede colorear con colorantes en gel una vez terminado el batido.
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Ideal para trabajar con manga pastelera, cubrir tortas o realizar decoraciones firmes.
Este merengue italiano queda sólido, estable y con una textura profesional.
Es una preparación confiable que no se baja con facilidad y permite trabajar sin apuros, logrando terminaciones prolijas y duraderas en cualquier receta dulce.