Una preparación simple, suave y llena de sabor que se destaca por su textura bien lisa y su toque de oliva por encima.
Es ideal para compartir o acompañar con pan, logrando un equilibrio perfecto entre cremosidad y frescura.

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Cuando está bien hecho, se vuelve imposible dejar de comer.
Ingredientes
- 400 gramos de garbanzos cocidos
- 2 cucharadas de tahini (pasta de sésamo)
- 1 diente de ajo
- Jugo de 1 limón
- 60 ml de aceite de oliva
- 50 a 100 ml de agua fría
- Sal a gusto
Para terminar:
- Aceite de oliva extra
- Pimentón
- Perejil fresco
- Un puñado de garbanzos enteros
Preparación
- Si usás garbanzos cocidos en casa, asegurate de que estén bien blandos. Si son de lata, enjuagalos y escurrilos bien.
- Colocá los garbanzos en una procesadora junto con el tahini, el ajo, el jugo de limón y la sal.
- Procesá unos segundos y comenzá a agregar el agua fría de a poco mientras seguís procesando. Esto es clave para lograr una textura bien cremosa.
- Incorporá el aceite de oliva en forma de hilo y continuá procesando hasta obtener una mezcla lisa, suave y sin grumos.
- Probá y ajustá sal o limón según tu gusto.
- Procesá unos segundos más para lograr una textura aún más fina.
- Colocá el hummus en un plato y con una cuchara formá una especie de espiral en la superficie.
- Agregá un chorrito generoso de aceite de oliva por encima, dejándolo caer en los surcos.
- Espolvoreá con pimentón, perejil fresco picado y sumá algunos garbanzos enteros en el centro para decorar.
Consejos:
- Si querés un hummus ultra cremoso, podés pelar los garbanzos antes de procesarlos. Lleva tiempo, pero mejora mucho la textura.
- El agua fría es el secreto para que emulsione bien y quede liviano, no la reemplaces por agua tibia.
- No te quedes corto con el procesado: cuanto más tiempo lo trabajes, más suave va a quedar.
- El tahini aporta mucho sabor, tratá de usar uno de buena calidad para notar la diferencia.
- El equilibrio entre limón y sal es clave, ajustalo al final según tu gusto.
- Para una textura más aireada, podés agregar un chorrito extra de agua al final y procesar nuevamente.
Un clásico que nunca falla, fácil de hacer y con un resultado que se disfruta en cada cucharada.