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Hummus casero cremoso

Una preparación simple, suave y llena de sabor que se destaca por su textura bien lisa y su toque de oliva por encima.

Es ideal para compartir o acompañar con pan, logrando un equilibrio perfecto entre cremosidad y frescura.

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Cuando está bien hecho, se vuelve imposible dejar de comer.

Ingredientes

  • 400 gramos de garbanzos cocidos
  • 2 cucharadas de tahini (pasta de sésamo)
  • 1 diente de ajo
  • Jugo de 1 limón
  • 60 ml de aceite de oliva
  • 50 a 100 ml de agua fría
  • Sal a gusto

Para terminar:

  • Aceite de oliva extra
  • Pimentón
  • Perejil fresco
  • Un puñado de garbanzos enteros

Preparación

  1. Si usás garbanzos cocidos en casa, asegurate de que estén bien blandos. Si son de lata, enjuagalos y escurrilos bien.
  2. Colocá los garbanzos en una procesadora junto con el tahini, el ajo, el jugo de limón y la sal.
  3. Procesá unos segundos y comenzá a agregar el agua fría de a poco mientras seguís procesando. Esto es clave para lograr una textura bien cremosa.
  4. Incorporá el aceite de oliva en forma de hilo y continuá procesando hasta obtener una mezcla lisa, suave y sin grumos.
  5. Probá y ajustá sal o limón según tu gusto.
  6. Procesá unos segundos más para lograr una textura aún más fina.
  7. Colocá el hummus en un plato y con una cuchara formá una especie de espiral en la superficie.
  8. Agregá un chorrito generoso de aceite de oliva por encima, dejándolo caer en los surcos.
  9. Espolvoreá con pimentón, perejil fresco picado y sumá algunos garbanzos enteros en el centro para decorar.

Consejos:

  • Si querés un hummus ultra cremoso, podés pelar los garbanzos antes de procesarlos. Lleva tiempo, pero mejora mucho la textura.
  • El agua fría es el secreto para que emulsione bien y quede liviano, no la reemplaces por agua tibia.
  • No te quedes corto con el procesado: cuanto más tiempo lo trabajes, más suave va a quedar.
  • El tahini aporta mucho sabor, tratá de usar uno de buena calidad para notar la diferencia.
  • El equilibrio entre limón y sal es clave, ajustalo al final según tu gusto.
  • Para una textura más aireada, podés agregar un chorrito extra de agua al final y procesar nuevamente.

Un clásico que nunca falla, fácil de hacer y con un resultado que se disfruta en cada cucharada.

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