La gelatina de mosaico es un postre fresco, vistoso y con una presentación que siempre llama la atención.
Su combinación de cubitos de colores dentro de una base cremosa la convierte en una opción ideal para días calurosos, cumpleaños o mesas dulces.

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Lleva tiempo de reposo, pero el procedimiento es simple y el resultado queda firme, parejo y bien distribuido.
Ingredientes
Para las gelatinas de colores
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1 sobre (85 g) de gelatina sabor frutilla
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1 sobre (85 g) de gelatina sabor ananá
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1 sobre (85 g) de gelatina sabor limón
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1 sobre (85 g) de gelatina sabor naranja
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4 tazas de agua caliente
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4 tazas de agua fría
Para la base de leche
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1 lata de leche condensada (395 g)
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1 lata de leche evaporada (410 g)
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1 taza de leche entera (250 ml)
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2 sobres de gelatina sin sabor (14 g en total)
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½ taza de agua fría
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1 cucharadita de esencia de vainilla (opcional)
Preparación
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Disolver cada sabor de gelatina por separado. En distintos recipientes, colocar 1 taza de agua caliente, agregar un sobre de gelatina y mezclar hasta que no queden restos. Incorporar 1 taza de agua fría y revolver nuevamente. Volcar cada preparación en contenedores bajos para que se forme una capa pareja y llevar a la heladera hasta que estén firmes.
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Una vez listas, cortar las gelatinas de colores en cubitos de tamaño parejo, de aproximadamente 1 centímetro. Reservar los cubos en frío para que mantengan su firmeza mientras se prepara la mezcla cremosa.
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Hidratar la gelatina sin sabor colocándola en ½ taza de agua fría. Dejar reposar unos minutos hasta que absorba el líquido y tome una textura espesa.
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En un bowl grande mezclar la leche condensada, la leche evaporada y la leche entera. Si se desea, agregar la esencia de vainilla para dar un aroma más suave.
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Derretir la gelatina sin sabor hidratada a baño María o en microondas por pocos segundos, solo hasta que se vuelva líquida sin llegar a hervir. Incorporarla de inmediato a la mezcla de leches y revolver bien para lograr una preparación uniforme.
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Engrasar suavemente un molde tipo corona con unas gotas de aceite neutro retirado con una servilleta. Distribuir los cubitos de gelatina de colores, alternando tonos para que queden repartidos de manera pareja.
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Verter la mezcla de leche con cuidado sobre los cubos, procurando cubrir todo sin moverlos demasiado. Golpear suavemente el molde sobre la mesada para eliminar burbujas y permitir que la preparación se acomode.
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Llevar a la heladera durante 4 a 6 horas, o hasta que la gelatina esté completamente firme. Para desmoldar, pasar un cuchillo fino por los bordes y apoyar la base del molde unos segundos sobre agua tibia sin tocar el interior. Cubrir con un plato y girar con cuidado.
Tips y consejos:
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Los cubitos pueden prepararse el día anterior para acelerar el proceso.
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Si la mezcla de leche se enfría demasiado antes de volcarla, puede empezar a espesar; conviene trabajar rápido.
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Para una textura más lisa, se puede colar la mezcla antes de verterla en el molde.
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Mantener siempre el postre tapado en la heladera para que no absorba olores.
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Si querés porciones individuales, podés usar moldes chicos y respetar los mismos tiempos de enfriado.
Listo para servir bien frío y disfrutar de un postre lleno de color.