Estas galletitas tienen un sabor a limón bien marcado, una miga suave y un glaseado finito que se seca arriba y queda precioso.
Son fáciles de hacer, salen parejas y tienen esa combinación de dulce + cítrico que engancha.

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Si las dejás enfriar bien antes de glasear, el acabado queda prolijo y tentador.
Ingredientes
Para las galletitas
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100 g de manteca a temperatura ambiente
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150 g de azúcar
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1 huevo
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Ralladura fina de 2 limones
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2 cucharadas de jugo de limón (30 ml aprox.)
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1 cucharadita de esencia de vainilla (opcional)
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240 g de harina 0000
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1 cucharadita de polvo de hornear
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1 pizca de sal
Para el glaseado
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150 g de azúcar impalpable
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2 a 3 cucharadas de jugo de limón (ir ajustando)
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Ralladura de limón extra para terminar (opcional)
Preparación
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Prendé el horno a 170°C y prepará una placa con papel manteca.
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Batí la manteca con el azúcar 2 a 3 minutos, hasta que quede cremosa y más clara.
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Sumá el huevo y mezclá hasta integrar. Agregá la ralladura, el jugo de limón y la vainilla.
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En otro bowl mezclá harina, polvo de hornear y sal.
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Incorporá los secos en 2 tandas, mezclando lo justo hasta que se forme una masa suave.
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Armá bolitas del tamaño de una nuez, acomodalas separadas en la placa y aplastalas apenas con la palma para que queden gorditas.
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Horneá 10 a 12 minutos. Tienen que quedar claritas, apenas doradas abajo.
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Dejá enfriar 10 minutos en la placa y después pasalas a una rejilla hasta que estén frías del todo.
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Prepará el glaseado: poné el azúcar impalpable en un bowl y agregá jugo de limón de a poco, mezclando hasta lograr una textura espesa pero que caiga lento.
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Glaseá cada galletita con una cucharita, dejando que caiga un poco por los bordes. Terminá con ralladura fina por arriba y dejá reposar 20 a 30 minutos hasta que el glaseado se seque.
Tips y consejos:
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Para un sabor bien intenso, usá limones con cáscara perfumada y rallá solo la parte amarilla, evitando lo blanco.
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Si la masa queda muy blanda, llevála 15 a 20 minutos a la heladera: así las galletitas salen más parejas y no se “desparraman”.
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No las hornees de más: tienen que verse claras arriba; cuando doran mucho, pierden la textura tierna.
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El glaseado se controla con el jugo: más jugo = más liviano, menos jugo = más espeso. Buscá que caiga lento para que no se escurra de golpe.
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Glasealas solo cuando estén frías: si están tibias, el glaseado se derrite y queda opaco.
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Para que el glaseado se seque rápido y quede prolijo, dejalas en un lugar fresco y sin humedad.
Quedan tiernas, con aroma a limón bien rico y un glaseado finito que las hace ver y saber espectaculares.