Estas galletas de manteca son una opción ideal cuando buscás algo simple, casero y rendidor.
Se preparan con pocos ingredientes y sin técnicas complicadas, logrando una textura suave por dentro y apenas dorada por fuera.

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Ingredientes
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280 g de harina de trigo común
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200 g de manteca sin sal, apenas blanda
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60 g de azúcar
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Azúcar extra para rebozar (opcional)
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Esencia de vainilla, opcional
Preparación
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Colocá la harina en un bol amplio junto con el azúcar. Mezclá brevemente para integrar.
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Agregá la manteca, que debe estar fría pero maleable. No tiene que estar derretida, solo lo suficientemente blanda para poder trabajarla.
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Mezclá todo con las manos hasta formar una masa uniforme. Al principio puede parecer desarmada, pero a medida que se integra toma consistencia.
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Volcá la masa sobre la mesada y terminá de unirla con las manos hasta lograr una textura suave, lisa y fácil de manejar.
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Tomá pequeñas porciones de masa con una cuchara, formá bolitas con las manos y aplastalas apenas.
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Pasá una de las caras de cada galleta por azúcar, si querés un acabado más crocante y decorativo.
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Colocá las galletas en una bandeja con papel para hornear, dejando un poco de espacio entre ellas.
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Marcá la superficie presionando suavemente con un vaso o con una cuchara para darles el diseño clásico.
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Precalentá el horno a 180 °C y llevá la bandeja al horno.
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Horneá durante 12 a 14 minutos, hasta que los bordes estén apenas dorados.
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Retirá del horno y dejá enfriar completamente en la bandeja antes de moverlas, ya que en caliente son frágiles.
Tips y consejos:
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La manteca debe estar blanda pero fría al tacto; si está muy dura cuesta integrarla y si está derretida cambia la textura.
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Amasar solo lo necesario evita que las galletas queden duras.
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El azúcar rebozado aporta un toque crocante y mejora la presentación, pero es opcional.
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No conviene agregar más harina de la indicada para mantener el interior tierno.
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Marcar las galletas antes de hornear ayuda a que conserven su forma.
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No sobrehornearlas: deben verse claras en el centro al salir del horno.
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Al enfriarse terminan de tomar consistencia sin perder suavidad.
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Se conservan muy bien en un recipiente hermético durante varios días.
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También se pueden freezar ya horneadas y frías.
Una receta simple, rendidora y bien clásica, ideal para tener siempre a mano y disfrutar unas galletas caseras suaves, doradas y llenas de sabor.