Es un postre frío, fácil de preparar y con una consistencia bien lisa que mantiene la forma al cortar.
Tiene un sabor suave, ligeramente dulce y una terminación brillante que lo hace muy tentador. Ideal para dejar listo con anticipación y servir bien frío.

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Ingredientes
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500 ml de yogur natural
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200 ml de crema de leche
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150 g de azúcar
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10 g de gelatina sin sabor
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50 ml de agua
Para el caramelo:
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120 g de azúcar
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2 cucharadas de agua
Preparación
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En una sartén, colocá el azúcar con el agua y llevá a fuego medio sin revolver hasta que se forme un caramelo dorado.
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Volcá el caramelo en el molde, cubriendo bien la base, y dejá enfriar.
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Hidratá la gelatina con el agua durante unos minutos hasta que absorba el líquido.
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Luego calentala unos segundos hasta que quede completamente líquida (sin hervir).
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En un bowl, mezclá el yogur con el azúcar hasta que se disuelva bien.
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Sumá la crema de leche e integrá todo suavemente.
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Incorporá la gelatina disuelta en forma de hilo mientras mezclás para que se distribuya bien.
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Volcá la preparación en el molde con el caramelo ya frío.
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Llevá a la heladera durante al menos 4 a 6 horas hasta que esté firme.
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Para desmoldar, pasá un cuchillo por los bordes y, si hace falta, apoyá el molde unos segundos en agua tibia.
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Invertí sobre una fuente para que el caramelo caiga por encima.
Tips y consejos:
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Usar yogur natural o tipo vainilla mejora el sabor final.
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No sobrecalentar la gelatina para que no pierda su efecto.
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Mezclar bien al incorporar la gelatina evita que queden partes blandas.
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El tiempo de frío es clave para lograr una buena firmeza.
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Para un sabor más intenso, podés sumar un toque de esencia de vainilla.
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Desmoldar con cuidado ayuda a mantener la forma perfecta.
Un postre simple, fresco y muy práctico para cualquier ocasión.
Queda suave, firme y con una presentación muy prolija.