La espuma de café es una preparación simple, intensa y muy cremosa que se volvió popular por su textura aireada y su sabor concentrado.
Se hace en pocos minutos y con ingredientes básicos, ideal para cuando querés un postre rápido o algo distinto para acompañar una sobremesa.

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Su versatilidad permite servirla sola o combinarla con otras preparaciones.
Qué es la espuma de café y por qué queda tan cremosa
La espuma de café es una mezcla batida a base de café soluble, azúcar y agua muy fría.
Al batirse a alta velocidad, el café y el azúcar se disuelven por completo y atrapan aire, formando una estructura estable y espesa.
El resultado es una crema liviana, de color claro y textura suave, que recuerda a un mousse o a un postre semifrío.
El uso de café soluble es clave en esta receta, ya que se disuelve fácilmente y permite incorporar aire de manera uniforme.
El azúcar, además de aportar dulzor, ayuda a estabilizar la espuma, evitando que se baje rápidamente.
El agua helada favorece el proceso de batido y acelera la formación de volumen.
Esta preparación puede servirse apenas terminada o llevarse unos minutos al freezer para lograr una consistencia más firme, perfecta para comer con cuchara.
Ingredientes
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80 g de azúcar
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2 cucharadas de café soluble
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120 g de agua helada
Preparación
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Colocá el café soluble y el azúcar en una licuadora o procesadora. Procesalos en seco durante unos segundos hasta que la mezcla quede bien fina. Este paso es importante para facilitar la disolución y lograr una espuma más estable.
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Pasá la mezcla a un bowl amplio, preferentemente frío, para ayudar a mantener la temperatura baja durante el batido.
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Agregá el agua bien helada. Es fundamental que esté fría para que la preparación tome volumen más rápido.
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Con una batidora eléctrica, comenzá a batir a velocidad máxima. Al principio la mezcla será líquida y oscura.
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Continuá batiendo durante aproximadamente 5 minutos. De a poco, la preparación va a cambiar de color, volviéndose más clara, y va a aumentar notablemente su volumen.
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Seguí batiendo hasta obtener una textura bien espesa, aireada y cremosa, similar a una espuma firme que mantiene la forma.
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Una vez lista, podés servirla inmediatamente en copas pequeñas, vasos o recipientes individuales.
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Si preferís una textura más consistente, llevá la espuma al freezer durante unos minutos antes de servir. Esto la vuelve más firme y con una sensación de postre semifrío.
Consejos:
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Usá siempre café soluble, ya que el café instantáneo común no logra la misma textura.
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El agua debe estar bien fría; incluso podés enfriar el bowl previamente para mejores resultados.
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Si notás que no espesa, seguí batiendo unos minutos más sin bajar la velocidad.
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Podés servirla sola o acompañarla con galletas, bizcochuelo desmenuzado o un toque de chocolate rallado.
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Guardada en frío, mantiene su consistencia durante varias horas, aunque lo ideal es consumirla fresca.
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Para un sabor más intenso, podés aumentar apenas la cantidad de café sin modificar el resto de los ingredientes.
La espuma de café es una opción práctica y rápida que se adapta tanto a un antojo dulce como a una sobremesa especial.
En pocos minutos y sin cocción, se logra una preparación cremosa, intensa y muy agradable, perfecta para disfrutar en cualquier momento.