Este pastel combina una base crocante tipo masa sablée con un relleno suave y cremoso al limón, y una cubierta doradita con frutos secos y azúcar impalpable.
Se corta firme cuando está bien frío, pero en la boca se vuelve bien delicado y liviano.

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El perfume a limón y la textura cremosa son lo que lo hace tan adictivo.
Ingredientes
Para la base y la cubierta
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300 g de harina 0000
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120 g de azúcar
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1 pizca de sal
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1 cdita de polvo de hornear (opcional)
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Ralladura fina de 1 limón (solo la parte amarilla)
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150 g de manteca fría en cubitos
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1 huevo
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1 yema
Para el relleno cremoso de limón
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600 ml de leche entera
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4 yemas
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120 g de azúcar
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50 g de maicena
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Ralladura de 1 limón
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80 ml de jugo de limón (aprox. 2 limones)
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30 g de manteca
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1 cdita de vainilla (opcional)
Para terminar
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50–80 g de frutos secos picados (almendras, avellanas, nueces o piñones)
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Azúcar impalpable para espolvorear
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Tiritas de cáscara de limón y menta (opcional, para decorar)
Preparación
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Prendé el horno a 170–175 °C. Enmantecá un molde de 22 a 24 cm y, si querés desmoldar prolijo, poné papel manteca en la base.
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En un bowl mezclá la harina, el azúcar, la sal, el polvo de hornear y la ralladura de limón.
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Agregá la manteca fría y desarmala con los dedos hasta lograr una textura arenosa, con algunos grumos chicos (eso después te da la cubierta crocante).
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Sumá el huevo y la yema, e integrá lo justo hasta formar una masa. No la amases de más: apenas unir y listo.
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Separá 1/3 de la masa y llevá esa parte a la heladera. Con el resto, forrá la base del molde y levantá un borde bajo de 2 a 3 cm. Pinchá el fondo con un tenedor y enfriá 10 minutos en heladera.
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Calentá la leche hasta que esté bien caliente (sin hervor fuerte). En otro bowl mezclá yemas con azúcar, agregá la maicena y batí hasta que quede liso, sin grumos.
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Volcá un chorrito de leche caliente sobre la mezcla de yemas, revolvé para templar y devolvé todo a la olla. Cociná a fuego medio, revolviendo sin parar, hasta que espese como una crema pastelera bien sostenida.
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Apagá el fuego y sumá la ralladura, el jugo de limón, la manteca y la vainilla (si usás). Mezclá hasta que quede brillante y pareja. Dejá entibiar 10 minutos.
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Volcá el relleno sobre la base y emparejá con espátula.
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Sacá la masa reservada de la heladera y desgranala por arriba con los dedos, cubriendo de manera irregular para que quede ese efecto “crumble”.
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Repartí los frutos secos por encima.
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Horneá 35 a 45 minutos, hasta que la superficie esté dorada y el centro apenas tiemble (se termina de afirmar al enfriar).
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Dejá enfriar a temperatura ambiente y llevá a la heladera mínimo 4 horas, ideal de un día para el otro.
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Antes de servir, espolvoreá con azúcar impalpable y, si querés, decorá con una tirita de cáscara de limón y unas hojas de menta.
Tips y consejos:
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Si querés que el relleno quede bien sedoso, no lo hiervas fuerte: fuego medio y revolver siempre es la clave.
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La ralladura tiene que ser finita y solo amarilla, así el sabor queda limpio y perfumado.
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El descanso en heladera no es opcional: ahí es cuando toma esa textura que se corta perfecto y después se “deshace” al comer.
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Para una cubierta más crocante, dejá grumos un poco más grandes al desarmar la masa con la manteca.
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Si te gustan los sabores más intensos, podés sumar una cucharadita extra de ralladura al relleno, siempre sin tocar la parte blanca.
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Para cortes prolijos, usá un cuchillo largo, pasalo por agua caliente, secá y cortá.
Queda espectacular bien frío, con azúcar impalpable recién puesto para que se note el contraste.
Guardalo en heladera y servilo directo, así mantiene esa crema firme y suave a la vez.