Esta tarta tipo quiché es una de esas recetas que se repiten una y otra vez porque siempre queda bien y rinde un montón.
Es ideal para almuerzos, cenas livianas o para llevar a una reunión, ya que se puede comer tanto caliente como fría.

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La combinación de cebolla bien cocida, jamón y queso la vuelve sabrosa y muy equilibrada.
Ingredientes
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3 cebollas medianas
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Sal, a gusto
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Pimienta, a gusto
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Nuez moscada, una pizca
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150 g de jamón
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Aceite de oliva, cantidad necesaria
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1 pote de crema de leche para cocinar (200 ml aprox.)
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1 disco de masa quebrada o de hojaldre
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4 huevos
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100 g de queso rallado (tipo reggianito, mozzarella o mezcla)
Preparación
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Pelá las cebollas y cortalas en pluma o en cubos chicos, según prefieras.
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Calentá una sartén amplia con un chorrito de aceite de oliva y cociná las cebollas a fuego medio-bajo hasta que queden bien tiernas y levemente doradas.
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Agregá el jamón en cubitos o trozos chicos, mezclá y cociná un par de minutos más. Retirá del fuego y reservá.
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Precalentá el horno a 180 °C.
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Colocá la masa en un molde para tarta, acomodándola bien contra los bordes. Pinchá la base con un tenedor.
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Cubrí la masa con papel manteca y agregá porotos o garbanzos secos para que no se infle.
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Llevá al horno por 10 minutos para blanquear la masa. Retirá y quitá el peso.
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En un bol, batí los huevos junto con la crema de leche hasta integrar.
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Condimentá con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada.
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Sumá a la mezcla la cebolla con el jamón ya tibios y mezclá bien.
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Volcá el relleno sobre la base de la tarta.
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Espolvoreá el queso rallado de manera pareja por encima.
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Llevá nuevamente al horno y cociná durante 30 minutos, hasta que el relleno esté firme y la superficie bien dorada.
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Retirá, dejá reposar unos minutos, desmoldá y serví.
Tips y consejos:
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Cocinar bien la cebolla a fuego bajo es clave para que quede suave y no largue líquido dentro de la tarta.
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Si la cebolla se dora demasiado rápido, bajá el fuego y agregá una cucharada de agua para ayudar a la cocción.
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El jamón puede reemplazarse por panceta salteada o por jamón cocido, según lo que tengas.
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Para un relleno más cremoso, podés agregar una cucharada extra de crema de leche.
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Si usás queso muy salado, reducí un poco la sal del relleno para mantener el equilibrio.
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Esta tarta se conserva muy bien en la heladera por hasta dos días y también se puede recalentar sin problema.
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Es ideal para cortar en porciones chicas y servir como entrada o para llevar en viandas.