La crema de ajo es uno de esos aderezos que transforman cualquier plato sin esfuerzo.
Aporta sabor, untuosidad y un toque intenso que combina perfecto con carnes, papas, sandwiches o verduras.

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Bien hecha, queda suave, estable y con una textura sedosa que nada tiene que ver con las versiones industriales.
Ingredientes
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3 dientes de ajo grandes
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200 ml de aceite vegetal
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100 ml de leche entera bien fría
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½ cucharadita de sal
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Jugo de ½ limón
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1 cucharada de perejil fresco picado bien fino
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1 cucharada de pimiento rojo picado muy chico (opcional)
Preparación
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Pelá los dientes de ajo y, si querés un sabor más suave, retirales el brote central. Picarlos apenas ayuda a que se integren mejor desde el inicio.
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Colocá en la licuadora la leche fría, los ajos, la sal y el jugo de limón. Licuá a velocidad media durante unos segundos, solo hasta que el ajo se desarme y la mezcla quede homogénea.
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Acá aparece el verdadero secreto que usan muchos cocineros y que casi nunca se menciona: la leche debe estar bien fría y el aceite tiene que incorporarse en forma de hilo constante, sin apurarse. Este contraste de temperatura y la entrada lenta del aceite permiten que la emulsión se forme de manera estable y la crema no se corte.
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Con la licuadora en funcionamiento, comenzá a agregar el aceite muy despacio, en un hilo fino y continuo. No subas la velocidad ni agregues el aceite de golpe. A los pocos segundos vas a notar cómo la mezcla empieza a espesar y a tomar cuerpo.
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Continuá incorporando el aceite hasta que la crema tenga una textura bien firme, similar a una mayonesa espesa. Si notás que se espesa demasiado rápido, bajá un poco la velocidad y seguí agregando el aceite de a poco.
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Una vez lograda la consistencia deseada, apagá la licuadora. Agregá el perejil picado y el pimiento rojo si decidís usarlo.
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Mezclá suavemente con una cuchara o espátula, sin volver a licuar, para mantener la textura cremosa y pareja.
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Probá y ajustá sal o limón si hace falta.
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Pasá la crema a un frasco de vidrio limpio, cerralo bien y llevá a la heladera.
Tips y consejos:
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La temperatura de la leche es clave: cuanto más fría esté, mejor emulsiona.
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El aceite neutro permite que el ajo sea el protagonista sin tapar sabores.
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No conviene licuar el perejil desde el inicio, así se mantiene el color y el aroma fresco.
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Si la crema queda muy espesa, podés aflojarla con una cucharada de leche fría.
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Dura entre 5 y 7 días en heladera, siempre bien tapada.
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Ideal para untar, acompañar carnes, papas al horno o armar sandwiches bien sabrosos.
Esta crema de ajo casera queda suave, intensa y perfectamente emulsionada.
Con ese pequeño detalle en la preparación que marca la diferencia, se logra una textura profesional y un sabor equilibrado que realza cualquier comida sin complicaciones.