El azúcar glass, también conocido como azúcar impalpable, es el secreto de muchas decoraciones en repostería.
Su textura ultrafina permite cubrir tortas, alfajores y galletitas con un acabado elegante y delicado.

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Aunque suele conseguirse en el supermercado, prepararlo en casa es muy sencillo y garantiza una textura fresca y libre de aditivos.
Con algunos pasos simples podés obtener un azúcar glass bien finita, ideal para darle un toque profesional a tus preparaciones.
Ingredientes
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1 taza de azúcar común (blanca, tipo refinada)
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1 cucharada de fécula de maíz (maicena)
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Una licuadora, procesadora o molinillo de café limpio
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Un colador fino o tamiz
Preparación
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Colocar la taza de azúcar común dentro de la licuadora o procesadora. Si usás un molinillo de café, tendrás que trabajar en tandas más pequeñas.
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Agregar la cucharada de fécula de maíz. Este ingrediente ayuda a evitar que el azúcar se apelmace y garantiza que la textura se mantenga siempre suelta y polvorosa.
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Triturar a máxima potencia durante 1 a 2 minutos. Es importante pausar cada tanto para evitar que el motor se recaliente.
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Abrir la tapa con cuidado, ya que el azúcar finísima suele levantar polvillo. Dejar reposar unos segundos antes de manipularla.
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Pasar la mezcla por un colador fino o tamiz, presionando suavemente con una cuchara. De esta forma se logra un polvo perfectamente homogéneo y sin grumos.
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Guardar el azúcar glass en un frasco hermético, limpio y seco. Conservar en un lugar fresco y protegido de la humedad.
Consejos:
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Para un resultado todavía más fino, podés repetir el proceso de licuado una segunda vez antes de tamizar. Esto asegura una textura ultra ligera.
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Si vas a usarla en glasé o coberturas, preparala justo antes para que conserve toda su suavidad y no absorba humedad del ambiente.
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Podés aromatizarla agregando ralladura de limón, naranja o incluso un poco de esencia de vainilla antes de procesar. Le dará un toque distinto a tus decoraciones.
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Nunca uses azúcar negra o mascabo para este método, ya que su humedad no permite obtener un polvo fino. Lo mejor es el azúcar blanca refinada.
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Si la guardás en frascos herméticos, el azúcar glass casero puede durar varias semanas sin problema. Solo asegurate de que no quede expuesta al aire o a utensilios húmedos.
Preparar tu propio azúcar glass no solo es práctico y económico, sino que también te permite dar un toque profesional a tus tortas y postres.
Con esta técnica simple vas a conseguir un acabado prolijo y elegante, digno de cualquier pastelería.